FETICHISMO

En los últimos días me han llegado varias cuestiones relacionadas con los “fetiches sexuales”. En la entrada de hoy compartiré algunas de esas respuestas con vosotros, a fin de mostrar una visión más amplia sobre este tema y, como siempre, desde una perspectiva sexológica.
Como os decía en la anterior entrada el término fetiche proviene de la palabra fetiche que a su vez procede del portugués feitiço, que quiere decir hechizo. Y es que en las sociedades primitivas un fetiche era un objeto al que se le atribuían cualidades mágicas, de manera que a lo largo de la historia y en las diferentes culturas podemos encontrar diversos fetiches, de carácter religioso, sociocultural o eróticos, que es de los que hablaremos hoy.
Pero… ¿de qué hablamos cuando nos referimos a un fetiche sexual?
Si en el caso de los fetiches religiosos se le atribuyen poderes ligados con la protección o el perdón divino y en los fetiches socioculturales este valor está más ligado a la suerte o las emociones, en el caso de los fetiches eróticos el poder reside en la excitación y el goce erótico.  De manera que podemos decir que un fetiche erótico es un objeto, gestos, parte del cuerpo, olor… al que hemos atribuido cierto poder erótico y que activa nuestra excitación y deseo. 

¿Cuántos fetiches eróticos podemos encontrar?

Si detrás del fetichismo religioso y el sociocultural hay un dogma, leyes o normas religiosas o cívicas que establecen una serie de límites o pautas, detrás del fetichismo erótico está la imaginación de cada cual y su propia biografía, de manera que podemos encontrar tantos fetiches como individuos y capacidad de crear tengan estos.

 

¿Por qué hay más hombres fetichistas?

Esto responde a las diferencias sexuadas de las que ya hemos hablado alguna vez. Por regla general el hombre suele tener una erótica más visual, ejecutiva, genitalizada y menos ligada a las emociones que la mujer (aunque ésta no es una cualidad exclusiva de cada sexo, podemos encontrar mujeres con este modelo de goce también) de manera que el uso de un fetiche para aumentar o despertar su excitación es más común en ellos, o mejor dicho en personas con este patrón de goce, que en aquellos cuya excitación está más ligada a cuestiones emocionales o sentimentales.

¿El fetichismo es una enfermedad, una perversión, un vicio? ¿Puede ser peligrosa? 

La mayoría de los casos de fetichismo que nos llegan a través de la prensa, las redes sociales o un amigo, suelen ser aquellos que han sido llevados al extremo, que se han convertido en un trastorno obsesivo compulsivo o que están relacionados con algún delito, robo, allanamiento…. y por ello se tiene una visión muy negativa de ésta y otras peculiaridades eróticas que como todo valor humano, puede entrañar peligros y tiene sus pros y sus contras, pero no por ello vamos a tomar todo lo negativo como lo definitorio, es decir la parte por el todo.

Por desgracia conocemos casos de futbolistas que han muerto durante un partido de fútbol y no por ello decimos que éste sea un deporte de alto riesgo. Con el fetichismo sucede lo mismo, estos casos llevados al extremo no representan a la mayoría, son minorías eróticas y no podemos definir el fetichismo a partir de ellos.

Desde la sexología no hablamos de enfermedad, desviación, perversión… sino de peculiaridades comunes. Silberio Sáez, compañero de profesión, afirma que la sexualidad es al sexo lo que la personalidad a la persona, yo me atrevería a incluir: las peculiaridades son a la erótica lo que la personalidad a la persona. Rasgos propios de nuestra erótica que hacen única, especial y por ello atractiva nuestra forma de amar y desear.

¿Es normal tener algún fetiche?

El deseo no es algo que se elija sino que se descubre. Yo no decido que me excita o no, sino que esto es fruto de un proceso de autoexploración y de aprendizajepor medio del cual, voy tomando conciencia de aquellos estímulos que me resultan más placenteros, cómo activarlos y satisfacer mi goce. Por ello, los sexólogos decimos que el único agente legitimador en materia de sexualidad ha de ser goce, siempre y cuando nuestro disfrute no ponga en peligro a otros, implique conductas que limiten las libertades de otros, o esté sujeto a relaciones de domino, abuso…

Que algo que en principio no goza de un matiz erótico despierte nuestra excitación no es perjudicial, sino todo lo contrario, contribuye a enriquecer nuestra erótica. Y todo lo que sea diversificar el juego erótico nos proporciona beneficios, nos aporta herramientas y recursos que nos permiten ampliar nuestras posibilidades de goce y nos capacitan para enfrentarnos a resolver o impedir que determinadas cuestiones se conviertan en una dificultad en pareja.

Además, en cierto modo todos somos un poco fetichistas, todos tenemos preferencia por una parte del cuerpo de la persona deseada, por una prenda de vestir que cuando se pone nos vuelve locos, o por algún gesto u olor en particular.

Habrá quién necesite un zapato roo de charol con 12 centímetros de tacón para excitarse y quien necesite escuchar 136 veces te quiero o un luz tenue. El problema es que no todos los estímulos gozan de la misma aceptación social y, esto es lo que a veces genera angustia en quienes sienten que se quedan fuera de la norma. 

¿Cuándo se convierte en un problema el fetichismo? 

Probablemente el límite entre lo peculiar y lo que podría ser una dificultad estaría en el grado de dependencia que el sujeto establece con un anclaje determinado para conseguir excitarse. Cuando el objeto, olor, gesto… se hace imprescindible para alcanzar la excitación. En definitiva, cuando el individuo olvida que ese objeto (o gesto, olor…) era un recurso asociativo para recordar una sensación placentera, al amado/a o un recurso para incrementar su excitación y lo convierte en condición sine qua non en su erótica.

¿De qué depende que nos sintamos atraídos o excitados por unos fetiches u otros?

Todos somos producto de nuestra biografía erótica, que es a fin de cuentas la que define que cada uno de nosotros se sienta atraído por unos estímulos u otros. Y como ya hemos dicho en más de una ocasión, los seres humanos somos parcelas indivisibles, lo que sucede en una de ellas afecta a las otras, de manera que nuestras experiencias vividas, aún no teniendo nada que ver en principio con la erótica, se convierten en condicionante de nuestro desear, de nuestro comportamiento sexual, unido todo ello a las características personales de cada cual, su creatividad, contexto, etc.…

¿Cómo afecta esta peculiaridad a la pareja?

Los encuentros eróticos son una de las estrategias de comunicación más completas y placenteras. A través de ellos no sólo expresamos nuestros sentimientos, deseos y emociones sino que nos vinculamos afectivamente con la otra persona. Y como en todo acto de comunicación es fundamental el respeto.

La dificultad de gestionar un fetiche en pareja reside en que para él/la fetichista el objeto de deseo no es tanto la persona sino el objeto que porta, el olor que desprende o el gesto que hace, por lo que la pareja puede sentirse fuera del juego erótico y de ahí que en algunos casos se convierta en motivo de conflicto.

Sin embargo hemos de tener en cuenta que el placer erótico es egoísta, cada uno de nosotros buscamos satisfacer nuestro propio goce (aún deseando compartirlo con el otro) y para ello recurrimos diferentes estrategias, desde proponer ciertas posturas hasta fantasear con “X” persona o situación, estimular ciertas partes del cuerpo, pronunciar determinadas palabras…Todos ellos Deseos y formas de expresarlos igual de legítimos y que a veces resulta complicado gestionar en pareja porque difieren con los del otro, con sus expectativas, con lo que cree tienen que ser los encuentros eróticos. Por ejemplo, una penetración anal puede ser motivo de conflicto o angustia en una pareja  cuando para uno de los dos no es una práctica deseable.

Por lo tanto, a veces atribuimos el problema  a la peculiaridad en sí, cuando en realidad éste no es sino  un conflicto más de pareja en lo que a la gestión de deseos en relación se refiere.

Hasta aquí la entrada de hoy. Espero que hayáis aprendido y sobre todo disfrutado con ella. Por mi parte sólo un consejo: No permitamos que los miedos a quedar fuera de la norma nos impidan desarrollar nuestra riqueza personal y lo más importante, disfrutar de ella.

Exploren sus deseos, dialoguen con sus peculiaridades y diviértanse. 

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