EL ORGASMO

“… y el fuego genital transformado en delicia

corre por los delgados aminos de la sangre

hasta precipitarse como un clavel nocturno,

hasta ser y no ser sino un rayo de sombra.”

(Cien Sonetos de Amor, Pablo Neruda. Soneto XII.)

Cuando los sexólogos hablamos del orgasmo nos referimos a una de las fases de nuestra Respuesta Sexual, de nuestro proceso de excitación, probablemente la más intensa de ellas y en la que experimentamos diversas sensaciones placenteras a nivel general (físico y psicológico), pero no la única ni la meta a alcanzar en los encuentros eróticos de las parejas.

En consulta acostumbro a comparar el orgasmo con el Camino de Santiago  (por chocante que parezca) y les explico a mis clientes que si preguntásemos a los peregrinos cómo  ha sido su experiencia, pocos la reducirían al momento de la llegada a la Plaza del Obradoiro o la Catedral de Santiago (por satisfactorio que para muchos sea ese momento) sino que relatarían infinitas anécdotas y aventuras vividas a lo largo de las diferentes etapas.

Reducir nuestro placer  a una breve (el orgasmo a penas dura unos segundos) etapa de nuestro proceso y estado de excitación nos priva de disfrutar de las inmensas posibilidades de goce que nos brinda nuestra erótica, de las sensaciones, sentimientos, fantasías, deseos… que nos conducen al orgasmo.

Pero además esta prisa por alcanzar la meta, por conseguir el objetivo, ver los fuegos de artificiales, llegar a la vez, llegar antes que él o después que ella… se convierte en su principal obstáculo. El orgasmos para ser disfrutado requiere estar en el presente, en el aquí y ahora, en el disfrute de cada una de las sensaciones que nos conducen a él y no tanto en el futuro, en el lo que sentiré o dejaré de sentir, y mucho menos en lo que debo sentir.

Al convertir el orgasmo en la meta de nuestros encuentros corremos el riesgo de sacarlo del terreno de los deseos para incluirlo en el de las obligaciones y los deberes y como ya hemos dicho en más de una ocasión, cuando las cosas se hacen por deber y no por deseo no se disfrutan y si no se disfrutan no resultan satisfactorias, sino que en ocasión pueden ser fuente de insatisfacción al sentir que la meta se alacanza pero no como se debería.

Son muchas las vivencias internas asociadas al orgasmo, ni siquiera todas las experiencias orgásmicas de una persona son iguales, por ello cuando hablamos de él nos referimos a un fenómeno diverso y subjetivo y por ello único y libre. Pues la puerta del placer y la satisfacción erótica no tiene una sola llave, sino tantas como hombres y mujeres, como deseos y formas de satisfacerlos, como maneras de gestionarlos en solitario o fórmulas de compartirlos en pareja podamos encontrar… todas ellas igual de legítimas e importantes, aquí no hay jerarquías, sino preferencias en relación al grado de satisfacción que cada una de ellas nos aporta. De manera que no existen fórmulas mágicas o universales para alcanzar el orgasmo sino que cada uno de nosotros ha de encontrar las llaves que abran la puerta de su goce, descifrar las claves de su placer, identificar las señales que manda su cuerpo y su mente y aprender a jugar con estas sensaciones y sentimientos sacándoles el máximo partido.

Nadie nace sabiendo y, a tener orgasmos también se aprende, por ello os invito a explorar vuestros cuerpos, a prestar atención a las señales que este os manda y sobre todo a dejaros llevar y daros permiso para gozar haciéndole un hueco al placer erótico en nuestra rutina diaria.

Ser felices y gozar de vuestro sexo.

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