Deso… ¿Cuestión de moda?

Cuando los sexólogos hablamos de sexo decimos que ni se tiene ni se hace sino que se  es. El sexo no son prácticas ni atributos sino una condición de ser, de ser sexuados, de sentirse, vivirse y expresarse de uno u otro sexo. Y este sexo que se es no es dado de una sola vez, sino que es fruto de un continuo y permanente proceso de sexuación por el que nos construimos como los hombres y mujeres que somos, con nuestros modos, matices y peculiaridades, que nos dota de individualidad y nos hace por ello únicos y especiales. Un proceso en el que no sólo influyen aspectos orgánicos o fisiológicos, sino también psicológicos y sociales, por lo que se encuentra muy ligado a la cultura en la que nacemos, crecemos y nos desarrollamos y a nuestro proceso de socialización.  

De manera que aunque el hecho de que todos somos sexuados sea universal, la forma en que lo vivíamos, expresemos o satisfagamos no será igual para todos y estará condicionada por las normas y leyes que regulen la cultura en la que vivimos. Pero las sociedades no son estancas ni impermeables, evolucionan y se desarrollan adaptándose a las nuevas necesidades de sus miembros, a las condiciones de su entorno, a su historia, a las influencias de otros grupos… por lo que aquellas ideas, valores, creencias, expectativas, roles, etc.… que orientan el comportamiento de sus miembros no siempre son y han sido ni serán las mismas.

Si echamos la vista atrás podremos ver que la noción de sexualidad dentro de una misma cultura ha variado a lo largo de su historia en función de estas ideas, influencias, tendencias, creencias… hasta el punto de que prácticas eróticas, orientaciones del deseo, modos de relacionarse o estrategias de seducción que antes eran rechazadas, ahora se asumen y aceptan con total naturalidad e incluso se promocionan. Es el caso por ejemplo de la homosexualidad, un matiz de nuestro deseo erótico, clasificado por la OMS hasta el 17 de Mayo de 1990 como enfermedad y por ello rechazada y condenada por muchos que hoy goza de un generalizado nivel de aceptación… ¿o no?

En los últimos años he observado que en la mayoría de las series de televisión, programas de entretenimiento o películas dirigidas al público juvenil aparece algún personaje que hace pública su orientación homosexual, casi siempre hay algún otro protagonista que se mofa de él y le rechaza, pero esto no se alarga demasiado en el tiempo, pronto el resto de compañeros salen en su defensa y al final el malote termina siendo tan amigo del gay y en algunos casos incluso haciendo pública también su orientación homosexual.

Creo que esto ha calado en los adolescentes y cada vez me resulta más común encontrar en los I.E.S alumnos (sobre todo chicos) que no temen hacer pública su orientación erótica o pandillas de chicas que presumen de tener un amigo gay, sin embargo pese al aparente conocimiento y aceptación de la homosexualidad, cuando tratamos el tema en los ciclos de Educación de las Sexualidades sigo apreciando algunas lagunas al respecto, sorpresa al hablar del tema como un matiz de nuestra erótica, de nuestro desear, actitudes combativas, normalizadoras, incluso patologizantes y homófobas al respecto que me hacen pensar si esta supuesta aceptación es tal y si es así si es fruto de una actitud de cultivo hacia el sexo y la diversidad que éste entraña o más bien son fruto de una actitud permisiva hacia la sexualidad ligada a una moda pasajera. Y es que no es lo mismo permitir que respetar o aceptar, pues el acto mismo de dar permiso supone establecer un orden o criterio que legitimará unos comportamientos, ideas, valores… frente a otros a los que se les ha negado ese permiso. De manera que como vemos una actitud permisiva hacia la sexualidad no se diferencia tanto como pudiese parecer de una actitud prohibitiva y por consiguiente sus consecuencias son parecidas.   

Esta última actuará rechazando a través de diferentes cauces como la moral (pecado), la ley (delito), lo salud (enfermedad), ect… aquellas prácticas eróticas, comportamientos o actitudes que se alejan de los criterios y límites que definen la noción de sexualidad que defiende. Por su parte, desde una actitud permisiva se promocionarán una serie de valores, prácticas, comportamientos, etc…bajo el alegato de lo progre, la moda, lo snob… de acuerdo a la noción de sexualidad que se defienda, legitimando aquellos que se encuentren dentro de este orden en pro de aquellos que se sitúan fuera de él.

Ambas opciones tienden a promocionar una única noción o forma de entender, vivir y expresar la sexualidad. En los dos casos se establece un orden y unos límites legitimadores que determinarán qué se encuentra dentro de dicho orden y qué no.

Por el contrario desde una actitud de cultivo frente a la sexualidad, se parte de la diversidad como cualidad inherente a nuestra condición de sexuados y como valor a cultivar, como fuente de enriquecimiento individual y colectivo. Y desde ella el criterio de medida o de legitimidad no es la norma, la moda, la salud o lo políticamente correcto sino el goce, el grado de satisfacción que nos producen nuestro sexo, nuestra orientación del deseo erótico, las formas de seducir al otro, las prácticas o la forma de expresar nuestros deseos…. Una actitud en la que prima la libertad de los sujetos, donde se promociona la autoexploración como modo para alcanzar el conocimiento de nuestro sexo y con éste su aceptación y por consiguiente una vivencia satisfactoria, tres objetivos básicos (que no sencillos) que mejorarían la convivencia entre los sexos.

De manera que os invito a explorar vuestro sexo, vuestra peculiar forma de ser hombres y mujeres, de desear, sentiros deseados, expresar y satisfacer vuestros deseos, a despojaros de lo normal, la enfermedad, los juicios de moral, lo perverso, las modas,  las expectativas sociales o lo políticamente correcto, a crear vuestra propia noción de sexualidad y a tener presente la diversidad como valor a cultivar y respetar.

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