Los afrodisiacos y las drogas en la erótica

Con frecuencia oímos, incluso en algún momento hemos pronunciado, la frase bebo para olvidar, beber me ayuda a relacionarme con los demás…. Y es que la creencia generaliza de que el alcohol y otras muchas sustancias nos ayudan a enfrentarnos a nuestros miedos, dificultades o aquello que menos nos gusta es un hecho.El terreno de la erótica no iba a ser menos y a menudo muchas personas recurren a todo tipo de sustancias para sentirse más seguros, potenciar tales o cuales capacidades, incrementar ciertas sensaciones (o más bien anular otras)…. Un largo etcéteras de motivos que pretenden justificar su uso, lejos de que éstas consigan los fines que se propone.

“La gente tiene más miedo a la intimidad que al contacto sexual: les resulta más fácil borrar a su pareja en el éxtasis de una droga que vivenciar plenamente el contacto con ella”.  (Helen Kaplan, 1979)

El miedo al rechazo, al compromiso, a reconocer nuestra vulnerabilidad en el encuentro con el otro y nuestra escasa tolerancia a la frustración, hacen que en ocasiones prefiramos vivir nuestros encuentros eróticos bajo los efectos de diversas sustancias que nos evaden de estos miedos, en lugar de asumirlos como peculiaridades propias de mi particular forma de ser, sentirme y expresarme como hombre o mujer,  aprendiendo a disfrutar de/con ellos o combatirlos en la medida de lo posible. Actitud que no sólo nos aleja de estas preocupaciones durante el encuentro sino también de nuestra pareja, de nosotros mismos y en definitiva de nuestro placer.

Los efectos beneficiosos que muchas de estas sustancias producen en la Respuesta Sexual de quienes las consumen tiene más que  ver con factores psicológicos, con la fe que se tenga en dicha sustancia o el contexto en que se lleva a cabo su consumo que con las propiedades de sus principios activos. Está demostrado que el consumo frecuente de muchas de estas sustancias, lejos de proporcionar beneficios, se convierten en fuente de dificultades que afectan a la Respuesta Sexual – entre otras – en sus diferentes fases: deseo, excitación, meseta, orgasmos y resolución. Por lo que mejorar la calidad de nuestra erótica o amatoria no parece uno de los mejores motivos para recurrir a ellas.

Desde los primeros años de la historia el ser humano ha buscado el brebaje que le ayudase a incrementar su capacidad sexual, su deseo erótico o a corregir posibles dificultades eróticas, ha intentado crear pócimas mágicas que les facilitasen la seducción del amado/a o le ayudasen a olvidar, incluso se le han atribuido cualidades estimulantes o excitantes a algunos alimentos, sin embargo ha día de hoy podemos decir que ninguno de estos intentos ha dado sus frutos y que por tanto no existe el afrodisiaco ideal, una sustancia universal cuyas propiedades incrementen el deseo erótico y la excitación y acaben con las temidas dificultades eróticas sin dañar otras funciones orgánicas.

Como ya hemos dicho en más de una ocasión del mismo modo que somos personas con diferentes personalidades, también somos seres sexuados con diferentes sexualidades y por ello seres eróticos (deseantes) con diferentes eróticas (diversos modos de desear,  sentirnos deseados y con infinitas formas de satisfacer nuestros deseos), de manera que pretender encontrar un olor, sabor o textura universal con cualidades estimulantes y excitantes que mejoren nuestra Respuesta Sexual parece algo utópico.

Probablemente el mejor afrodisiaco resida en nosotros mismos, en nuestra predisposición para asumir nuestros miedos, limitaciones, virtudes, aptitudes, potencial…. reconocerlos como parte de nosotros, como peculiaridades que nos dotan de identidad propia y nos hacen especiales, como posibles fuentes también de enriquecimiento y con nuestra capacidad creativa para permitirnos verlos desde otros puntos de vista, darles un nuevo significado en nuestra biografía y sobre todo aprender a ver lo positivo de todos ellos permitiéndonos disfrutar de y con ellos.

El mejor afrodisiaco por tanto es el conocimiento y aceptación de nuestro sexo, de nuestra peculiar y particular forma de ser, sentirnos, vivirnos y expresarnos como los hombres y mujeres que somos, diferentes los unos de los otros y por ello únicos y especiales. Pues sólo aceptándonos tal como somos, con nuestro potencial y limitaciones, con nuestros miedos y nuestros deseos, expectativas, valores, creencias, cualidades físicas, actitudes y aptitudes… lograremos una vivencia satisfactoria de nuestra erótica. Y ¡ojo! asumir todo esto no significa que nos guste o comulguemos con ello, simplemente aceptar que es parte de nosotros y darnos cuenta de que nosotros somos los directores de nuestra vida, por lo que si algo no nos gusta está en nuestra manos cambiarlo.

Por último os propongo un juego para lograr este potente afrodisiaco que todos llevamos dentro. Os invito a que cojáis papel y bolígrafo y hagáis 4 columnas en las que anotaréis los siguientes conceptos:

Sombra             Máscara           Miedo          Capacidad

Y penséis en vuestras sombras, en aquello que menos os gusta de vosotros y escondéis a ojos de los demás, en la máscara que le habéis puesto para disimularlo, para que nadie se dé cuenta y en el miedo que oculta esta máscara, es decir, el por qué no queréis sacar a la luz esa sombra. Y por último pensar en las capacidades que habéis desarrollado a lo largo de vuestra biografía gracias a este juego de sombras y máscaras, que cualidades o aptitudes, os ha aportado ese miedo.

Reconozco que es un duro trabajo de reflexión personal, pero sus beneficios lo compensan. Os invito a jugar con vuestras sombras, máscaras y miedos a dialogar con ellos, a escucharlos… y sobre todo a aprender y disfrutar de ellos.

 

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