EL ORGASMO

La Respuesta Orgásmica o Sexual como la definen algunos autores consta de varias fases. Secuencias que han sido definidas de muy diversas formas por distintos autores. Por ejemplo investigadores como Manuel Lucas Matheu o Francisco Cabello, del Instituto Andaluz de Sexología apuestan por simplificar este circuito en tres fases: intumescencia – orgasmo – detumescencia. Si echamos la vista atrás veremos que a lo largo de la historia han sido mucho los que han pensado sobre esta cuestión y muchas han sido también sus aportaciones, por ejemplo en 1906 el psicoterapeuta inglés Havelock Ellis describió este fenómeno en dos fases: intumescencia – detumescencia.  Años más tarde el sexólogo y biólogo estadounidense Alfred Kinsey (1953) optó por explicar este fenómeno en tres fases: excitación – orgasmo – postefectos; y más tarde los mediáticos Master y Johnson (1966) lo harían en cuatro fases: excitación – meseta – orgasmo – resolución; esquema al que Helen Kaplan (1979) añadiría el deseo como fase inicial del proceso.

Como vemos hay diferentes teorías en referencia a esta experiencia. Yo he tomado el modelo de Master y Johnson, con el matiz de Kaplan para definir la Respuesta Orgásmica, por considerar que es uno de los más completos y que a mi entender nos facilita la compresión de muchas de las dificultades que suceden en torno a la satisfacción erótica.

Me gusta definir esta secuencia (Deseo-Excitación-Meseta-Orgasmo-Resolución) como un circuito eléctrico en el que podemos encontrar un interruptor con dos modalidades ON – OF en cada una de sus fases, de manera que aunque se encuentren encadenadas, cada una de ellas posee cierta independencia respecto a la anterior y la posterior. Según este modelo las dificultades para alcanzar el orgasmo no tienen por qué suceder en esta fase, sino que pueden estar ocasionadas por alguna dificultad en otra de las etapas de este circuito. La tarea sería averiguar en qué fase se produce la avería  y qué hechos, fenómenos, actitudes… apagan su interruptor. Pero de esto hablaremos otro día, hoy el tema que nos ocupa es el orgasmo.

Y… ¿qué es esto del orgasmo?

El orgasmo es un fenómeno psicofisiológico en el que están involucrados cuerpo y mente. Probablemente sea la fase más intensa de nuestra Respuesta Sexual y, en la que experimentamos diversas sensaciones placenteras a nivel general, es decir, a nivel físico y psicológico siendo estas últimas las más relevantes, por lo que afirmamos que el orgasmos si se localiza en algún sitio, éste es el cerebro, el órgano sexual por excelencia.

Mucho se ha hablado de las diferencias sexuadas del orgasmo, de si el orgasmo femenino es más o menos intenso que el masculino, de la capacidad multiorgásmica de unas, de la profunda relajación de otros… Y lo cierto es que del mismo modo que no podemos decir que existan hombres y mujeres puros, es decir, que sólo posean caracteres sexuales masculinos o femeninos (como ya hemos dicho en otras ocasiones todos somos intersexuales, todos poseemos mucho o poco del otro sexo), tampoco podemos asegurar que exista una forma de desear y satisfacer nuestros deseos o conseguir el orgasmo estrictamente masculina o femenina. Pero lo cierto es que se producen varias coincidencias en cuanto a formas de excitación, tiempos, sensaciones, etc… entre individuos de un mismo sexo que nos hacen hablar de tipos de orgasmos frecuentes o más comunes en uno u otro sexo, enseguida veremos cuáles.

Podríamos decir que el orgasmo forma parte de los llamados caracteres sexuales terciarios, aquellos rasgos, fenómenos, actitudes…. que siendo más comunes en un sexo que en otro son compartibles, es decir, pueden darse en ambos sexos.

Pero veamos cuántos tipos de orgasmos existen:

Diferenciamos tres tipo de orgasmos, que no tres tipos de persona, sujetos a ser experimentados por cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra vida.  El hecho de que sintamos uno u otro no sólo depende de nuestras características y capacidades personales y sexuadas, sino también del objetivo que persigamos, de las expectativas, la situación en que se producen…, es decir de una serie de factores externos que también inciden en la experiencia orgásmica y por ende en la satisfacción.

                                  c                                        b                                    a

ORGASMO TIPO “A”: Uniorgasmo. Como vemos en la gráfica, la fase de excitación siguen una línea ascendente que va in crescendo hasta llegar a la fase de meseta, donde se mantiene el nivel de excitación alcanzado durante unos minutos, para posteriormenten volver a crecer hasta alcanzar su punto más elevado en la fase de orgasmo.  Tras esta fase, que suele ser bastante intensa, llega la etapa de resolución, en la que los niveles de ritmo cardiaco, respiratorio, temperatura, tensión muscular, etc… vuelven a su estado habitual. En este tipo de orgasmo la resolución llega de forma casi repentina, se produce a gran velocidad, es lo que algunos han llamando la muerte dulce por el estado de profunda relajación, agotamiento y bienestar que se experimenta tras el orgasmo. Durante esta etapa tanto el deseo como la excitación caen en picado tras el orgasmo, de manera que es prácticamente imposible volver a iniciar el proceso en un periodo de tiempo relativamente corto. La persona necesitaría un periodo de recuperación (periodo refractario) de varias horas.

Este tipo de orgasmos en el que la fase de resolución se produce de forma súbita es el más común entre los hombres y poco frecuente entre las mujeres.

ORGASMO TIPO “B”: En este tipo de orgasmo la fase de excitación y la de meseta no son tan lineales como en el anterior (no hay una subida tan marcada), sino que se producen varios picos de intensidad y son más extensas en el tiempo. Tras la fase de orgasmo, quizá menos intensa que la anterior, no suele haber un periodo de resolución como tal, de manera que la excitación y el deseo se mantienen pudiendo volver a experimentar de nuevo otro orgasmo si se continúa la estimulación, con lo cual el motivo para dar por finalizado el proceso no es la ausencia de éstas, sino que tienen más que ver con factores como cansancio, falta de tiempo, etc… Este tipo de orgasmo suele ser más común en mujeres que en hombres.

ORGASMO TIPO “C”: Aunque es muy similar al tipo “A” la diferencia radica en que en éste la fase de excitación y meseta no siguen una línea ascendente tan marcada y el proceso de resolución no es tan brusco, de manera que el deseo y la excitación no se pierden por completo tras el orgasmo y esto da lugar a que pueda iniciarse el proceso tras un breve periodo refractario o de recuperación.

Este tipo de orgasmos aún siendo más común en mujeres también se da en algunos hombres, sobre todo en aquellos de edades más tempranas, como consecuencia de una optima capacidad física.

Con frecuencia tendemos a pensar que con el orgasmo y sobre todo con la pérdida de erección ha desaparecido el deseo y la excitación y que por tanto el encuentro erótico ha finalizado, hemos tener en cuenta que el orgasmo es sólo una fase más de nuestra Respuesta Sexual, como hemos visto en las gráficas no tiene por qué suponer el fin y, mucho menos convertirse en el objetivo último. La sexualidad humana no es una cuestión de metas, disfrutar de nuestra erótica es algo más que llegar a un punto, de hecho obsesionarnos con la llegada, con la meta puede impedirnos disfrutar de la bello del paisaje, algo que puede hacer que nuestra llegada sea menos satisfactoria.

A veces la satisfacción por llegar a un punto no tiene que ver tanto con llegar al lugar deseado, sino con la satisfacción que producen las sensaciones experimentadas a lo largo del trayecto.

Esto es como quien hace el Camino de Santiago. El camino no se reduce al día o el momento de la llegada a la catedral, sino que es todas las experiencias vividas a lo largo de cada una de las diferentes etapas. Con nuestra erótica sucede lo mismo, no se limita sólo al orgasmo, ésta es una más de las etapas dentro de una gran secuencia de sensaciones placenteras.

Por ello conviene que tengamos en cuenta lo siguiente:

• El orgasmo no es privilegio de nadie, sino un hecho humano al que todos tienen acceso según la misma condición humana. Sean cuales sean nuestras peculiaridades o dificultades personales, por el hecho mismo de ser sexuados todos poseemos la capacidad de alcanzar y un orgasmo y es más, de conseguir una vivencia satisfactoria de nuestra erótica sin que se produzca éste.

• Porque el orgasmo no es ni ha de ser la finalidad de lios encuentros eróticos. Probalemente, como ya hemos dicho sea el acontecimiento más intenso y sensible, pero no el único, ni mucho menos el más importante de la relación sexual entre dos personas que se desean, atraen o aman.

• Hemos convertido el orgasmo, una sensación muy placentera que surge fruto de los deseos de cada cual – sujetos a ser satisfechos de forma individual o en pareja – en un deber,  tiene que ocurrir si o si en nuestros encuentros eróticos y,  esta obsesión por “conquistar” o “lograr” el orgasmo nos priva en ocasiones de disfrutar relajadamente y con sosiego del resto de satisfacciones y goces que hay en todo encuentro erótico.

• Tomar el orgasmo como único criterio de satisfacción es tan parcial y nefasto como tomar la sexualidad en el único sentido de saciar una necesidad. La erótica humana no es cuestión de metas u objetivos y por tanto, no es saciar las necesidades lo que cuenta. Sino realizarse como personas, incluyendo en la persona su propia sexualidad.

El goce no tienen por qué quedar reducido unos segundos. Os invito a salir de la prisa por alcanzar la meta, a deteneros para admirar el paisaje y a disfrutar de cada una de las etapas de nuestrs camino al placer.

¡Buen camino!

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