Placer Femenino I

El próximo viernes día 8 se celebra el día Internacional de la mujer. Mucho de habla de sus derechos laborales, su papel en la sociedad, en la familia…. pero muy poco de su placer, sus deseos, fanasías…. por ello dedicaremos los post de esta semana a hablar de la erótica femenina y, ahí va la primera entrega:

Durante muchos siglos se ha creído erróneamente que la reproducción era la única función de la sexualidad humana, o se ha intentado justificar el placer que ésta proporciona a través de ella, por este motivo todas aquellas prácticas eróticas, orientaciones del deseo o formas de satisfacerlo que se alejaban de ella, eran rechazadas, tachadas de vicio, pecado, desviación… etc., dependiendo de la moral o ideología por las que eran juzgadas.

Con esta idea de fondo, a finales del siglo XIX, principios del XX, el psicoanalista Sigmund Freud se atrevió a hablar de sexo en voz alta, no es que otros no lo hubiesen hecho ya, pero quizá su discurso no era tan provocador. Aunque la mayoría de sus teorías hoy en día están desfasadas, hemos de reconocer y agradecer sus logros, pese a que algunos de ellos nos hayan metido en algún que otro lío, por ejemplo su diferenciación del orgasmo femenino en dos tipos: clitoriano – vaginal.

Freud fue el primero en teorizar sobre la masturbación infantil, una práctica que asociaba con una sexualidad incompleta (recordemos que no permite la reproducción y, de ahí que se entienda como una práctica inferior al coito), propia de la infancia y adolescencia.

Según Freud las niñas y adolescentes obtienen placer estimulando su clítoris, órgano situado en la parte externa de sus genitales, he ahí el primer tipo de orgasmo, el clitoriano. Según sus teorías a medida que la mujer fuese madurando debía aprender a transferir su respuesta erótica, su placer, del clítoris a la vagina, aprender a tener orgasmos vaginales, que su sexualidad (mejor dicho su erótica) pasase de un estado infantil a un estado adulto, es aquí donde aparece el orgasmo vaginal, la forma en que según Freud la mujer obtenía y debía sentir placer, su segundo tipo de orgasmo.

He aquí el inicio de la eterna duda, de la culpa de muchas mujeres, de abecedarios sobre puntos que nos llevan al clímax, de mitos y expectativas… en torno al placer femenino.

Pero… ¿Existen dos vías de acceso al clímax en el cuerpo de la mujer?

La puerta del placer y la satisfacción erótica no tienen una sola llave. Esta cerradura puede abrirse con diferentes llaves, todas ellas igual de legítimas e importantes, no existen jerarquías, todas encajan en algún momento y sirven para un mismo objetivo, proporcionar placer y alcanzar la satisfacción.  De manera que no existen fórmulas mágicas universales para alcanzar el orgasmo, sino que cada uno de nosotros ha de explorar su erótica y aprender a descifrar las suyas, pues todos, sean cuales sean nuestras peculiaridades personales o dificultades, tenemos la capacidad de alcanzar un orgasmo y es más, de vivir una erótica satisfactoria, se produzca o no éste.

 

Hemos de tener en cuenta que el orgasmo es un acontecimiento más en nuestra respuesta erótica, una fase del esquema DEMOR (Deseo, Excitación, Meseta, Orgasmo y Resolución) que en su día diseñaron Masters y Johnson, el punto de mayor excitación e intensidad probablemente pero no el único (ya hablaremos de esto en otra ocasión). Una fase en la que se manifiestan determinados signos físicos pero sobre todo, otros muchos psicológicos quizá más relevantes, por lo que el placer y por ende el orgasmo (tanto en hombres como en mujeres), si se encuentra en algún sitio es en nuestro cerebro, el órgano sexual por excelencia, el encargado de descifrar y enviar las órdenes que hacen posible esta sensación tan placentera.

Pero entonces… ¿qué pasa con los orgasmo clitoriano o vaginal?

Tomando prestada otra afirmación del maestro Ellis, os diré que “no hay ninguna parte del cuerpo que no pueda ser erógena tampoco ninguna sensación o emoción” sobre todo en el cuerpo de la mujer añado yo.

Por regla general la erótica femenina es más global, desgenitalizada, en ella intervienen los cinco sentidos y todos gozan de protagonismo, como dirían otros de los grandes pensadores del siglo XX, Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut en su obra “El Nuevo Desorden Amoroso”, el cuerpo femenino es metagenital. Sin embargo, lo cierto es que a diferencia del varón, la mujer cuenta con el único órgano cuya exclusiva función es proporcionar placer, el clítoris, todo un regalo de la naturaleza.

Ya hemos dicho que el orgasmo es algo subjetivo y que se encuentra en nuestro cerebro, pero también que en nuestra Respuesta Sexual influyen muchos aspectos tanto físicos como psicológicos. Cuando hablamos de orgasmo clitoriano o vaginal nos referimos a esta parte física, corpórea de nuestra Respuesta Sexual,  es decir, a aquellas zonas del cuerpo femenino que estimulamos para proporcionarle/nos placer y alcanzar el clímax. Y la duda que se plantean muchos es cuál de estas dos zonas proporciona mayores dosis de placer a la mujer.

La estructura del clítoris es mucho más grande de lo que apreciamos a simple vista. Posee un total de 8.000 fibras nerviosas (a diferencia de las 4.000 – 6.000 que posee el pene) que inervan la entrada de la vagina y recubren el interior de toda nuestra vulva. La vagina es un espacio virtual (ya que los músculos que la forman se encuentran plegados) y prácticamente insensible, de manera que la mayoría de las sensaciones placenteras que experimentan las mujeres al estimular sus genitales son consecuencia de este regalo de la naturaleza, el clítoris.

Y no sólo lo digo yo, los científicos lo corroboran:

Ya a finales de los 40 principios de los 50 del siglo pasado, Alfred Kinsey, médico y sexólogo afirmaba: “el clítoris desempeña un papel importante, si no único, en la respuesta orgásmica de la mujer y que el orgasmo vaginal es una imposibilidad biológica”.

Y años antes, Albert Ellis, uno de los psicoterapeutas más influyentes del siglo XX, afirmaba: “las mujeres pueden tener orgasmos de muchas formas distintas, especialmente si se manipula la región del clítoris, no la vagina. La vagina es relativamente insensible al estímulo sexual, porque si fueran sensibles al estímulo sexual, las mujeres no serían capaces de tener niños, ya que el parto sería dolorosísimo, más de lo que es ahora, siendo ésta una zona relativamente insensible”.

Parece increíble que con afirmaciones como las de los maestros Ellis y Kinsey, ya a inicios del siglo XX, la lucha entre el orgasmo clitoriano o vaginal siga siendo un tema de actualidad en nuestros días y no sólo eso, sino motivo de sentimientos de culpa, sospecha de enfermedad o incapacidad para alcanzar el placer, para desear de muchas mujeres, por ello el siguiente post lo dedicaremos a reflexionar sobre esto.

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