Peculiaridades eróticas

“Hay cosas que las rechazamos porque nos repugnan, otras porque nos aburren y otras  -las menos- porque hemos razonado que son inconvenientes. Pero cuando todo lo anterior falla siempre nos queda rechazar las cosas porque no es normal”

(J. Sampedro, El País, 7 de agosto de 2004).

Y las peculiaridades eróticas, las parafilias o perversiones que dicen algunos son un ejemplo de ello. Acostumbradas a ser rechazadas y demonizadas bajo los adjetivos de pecado, patología, trastorno, perversión, vicio, delito…. Han crecido a la sombra del puritanismo, la normalidad o lo políticamente correcto a lo largo de la historia del ser humano. Pero sin tan perjudiciales son ¿por qué toda época tiene las suyas?, ¿por qué en cada cultura podemos encontrar alguna?, y lo más importante ¿por qué algunas veces nos resultan tan atractivas y excitantes?

Hoy hablaremos de peculiaridades eróticas, como desde la sexología sustantiva nos gusta llamarlas, de aquellos rasgos que dotan de individualidad y diversidad a nuestros deseos, que los hacen únicos y especiales y por ello distintos a los demás. De su valor y su poder de atracción y seducción. Y lo haremos desde un marco distinto al habitual (la cópula), el ars amandi de los sexos, el arte de crear múltiples y diversas formas de expresar, vivir, compartir y gestionar los deseos eróticos de forma individual o en relación.

 

Antes de nada conviene aclarar…

El deseo no es algo que se elija sino que se descubre. Yo no elijo qué me excita y que no, o que deseo y que no, sino que lo descubro, porque de no ser así del mismo modo que podemos elegir qué nos excita, podríamos entonces elegir también quién, es decir, decidir sobre la orientación de nuestro deseo erótico y esto no es así. Yo no decido ser o no heterosexual u homosexual, sino que lo soy, como no decido si soy hombre o mujer, sino que me siento de uno u otro sexo. Y siguiendo esta lógica no será difícil comprender que tampoco elegiré los rasgos que dotan de individualidad y peculiaridad a mi erótica, mis deseos, mi forma de desear y sentirme deseado.

De manera que esto de lo “normal”, de la norma, tiene más que ver con el terreno de la moral que con el terreno sexológico, con los valores, creencias, la educación que cada uno hayamos recibido y por supuesto con la cultura en la que vivimos.

A veces comentemos el error de intentar gestionar, o dirigir cuestiones tan íntimas como el deseo con las mismas reglas que gestionan lo público, la sociedad en la que vivimos y esto no siempre resulta beneficioso. Como os decía el deseo no lo podemos dirigir, no podemos decidir qué, cómo y a quién desear, sino que esto es fruto de un descubrimiento personal, de manera que intentar regular algo en lo que no tenemos capacidad de decisión y que pertenece al terreno de la intimidad con reglas de lo público, perjudica más de lo que beneficia, pues cuando intentamos definir qué es lo normal al final caemos en la trampa de jerarquizar, de intentar imponer un modelo de desear sobre otro, favoreciendo que muchas formas de expresar y gestionar nuestros deseos queden fuera de esta jerarquía y provoquen malestar en los sujetos que las viven y sienten que se quedan fuera de la norma. En cierto modo, muchas de las consultas que atendemos los sexólogos responden a estas cuestiones, a gente que siente que se queda o se va a quedar fuera de la “norma” por diferentes motivos, por no llegar a un número determinado de coitos, por tener “x” edad y no tener pareja, por tardar “x” minutos en alcanzar el orgasmo… o por fantasear con tal o cual cosa….

“Todo depende del cristal con que se mire”.

La ausencia de una definición precisa ha favorecido que muchas de estas peculiaridades eróticas hayan sido conceptualizadas de muy diversas formas en función del punto de vista, la actitud o los intereses desde los que han sido examinadas.

Desde el marco del Hecho Sexual Humano (la sexología sustantiva) hablamos de peculiaridades porque entendemos que son una cualidad universal inherente al ser humano por el hecho mismo de ser sexuado y, las definimos como rasgos propios de los sujetos porque entendemos que son agentes de individualidad y diversidad, fuente de enriquecimiento y libertad que dota de identidad propia a las personas. Y lo acompañamos del adjetivo eróticas porque hacen referencia a los deseos de los individuos, a su forma de desear y sentirse deseados.

 

Los cristales

A lo largo de los años la cópula se ha convertido en el agente legitimador de los deseos, formas de desear y sentirse deseado de las personas. Bajo el criterio de la “norma” traducido en pecado, nocivo, desviación, patología y últimamente delito, ha trazado los límites que legitiman unos deseos sobre otros, rechazando aquellos que se alejan del objetivo de la cópula (la reproducción).

Desde el Hecho Sexual Humano el punto de partida es el ars amandi,  el arte que cada uno de nosotros poseemos para expresar y convertir en gestos, sensaciones o emociones nuestros deseos, gestionarlos, vivirlos y satisfacerlos en solitarios o en relación. Un arte con diferentes estilos y formas de expresión cuyo criterio es la diversidad y su unidad de medida el goce, la diversión, en definitiva la satisfacción que estos producen.

 “Si el sexo es un valor, éste constela tras sí muchas cualidades cultivables e inherentes al mismo” (E. Amenzúa).

Como todo valor humano las peculiaridades eróticas pueden llevar asociado algún tipo de riesgo, pero no por ello debemos olvidar su valor como agente de individualidad y diversidad que nos hace únicos y especiales, que suponen el motivo de encuentro y atracción entre sexuados.

Toda práctica deportiva puede entrañar algún tipo de riesgo y, no por ello hemos emprendido una campaña en contra del deporte. Sino que con la debida prudencia cada uno de nosotros hemos aprendido a poner en práctica aquellos que más gustan teniendo en cuenta nuestras condiciones físicas, capacidades y limitaciones, pero sobre todo hemos aprendido a respetar la práctica de sus diversas modalidades en sus diferentes categorías.

El objetivo a conseguir sería poder valorar las peculiaridades eróticas en lugar de patologizarlas o criminalizarlas por sus posibles riesgos.

 

No todo es tan negro como parece.  

La perspectiva de la cópula, se ha convertido como decíamos en muchas ocasiones en la unidad de medida de lo deseable y sus formas de expresión en una sociedad, atendiendo a criterios de “normalidad” o “anormalidad” dependiendo de la cercanía o distancia al objetivo de la cópula. Y esta idea de la norma ha contribuido a tachar muchas de estas peculiaridades eróticas como pecado, vicio, inmoralidad, desviación, enfermedad…, por lo que un rasgo asociado a ellas ha sido su estigmatización peligrosa.

Pero por encima de todos estos rasgos sobresale su originalidad, su carácter chocante o sorprendente, su poder de atracción y seducción y por qué no, de excitación.  En definitiva las peculiaridades eróticas son la mejor muestra de la diversidad y variedad de los deseos y sus formas de expresión, vivencia, gestión y satisfacción que los individuos pueden desarrollar por el hecho mismo de ser sexuados.

Son por un lado fuente de riqueza y motivo de encuentro entre los sexos pero, también de conflicto y dificultad precisamente por aquello que les dota de significado, la diversidad, cuando se plantea su vivencia o expresión en convivencia. Como cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana puede tener sus pros y sus contras, el error sería tomar los riesgos que puede entrañar, (una pequeña parte de su ser) y convertirlos en el todo, en su rasgo definitorio. Si de lo que se trata es de prevenir males, quizá la solución no sea prohibir, criminalizar o patologizar, sino promover bienes, cultivar y promocionar la riqueza que nos ofrece la diversidad, seña de identidad de las peculiaridades eróticas.

Los límites.

Al tratarse de peculiaridades propias de los sujetos podríamos decir que su número sería directamente proporcional a la capacidad de estos para inventar y crear diversas formas de desear y sentirse deseado, de expresar y vivir estos deseos, sin embargo lo cierto es que la noción de sexualidad y la actitud que tengamos respecto a ella condicionan no sólo el punto de mira para determinar qué es legítimo y qué no en la erótica de los sujetos, sino también sus dispositivos de medida. Cuanto más definidos y rígidos sean estos límites más probabilidades habrá de que un mayor número de sexualidades se quede fuera.

Desde el Hecho Sexual Humano como ya hemos dicho más arriba nuestro punto de partida es el ars amandi,  el arte que cada uno de nosotros poseemos para expresar y convertir en gestos, sensaciones o emociones nuestros deseos, gestionarlos, vivirlos y satisfacerlos en solitarios o en relación. Un arte con diferentes estilos y formas de expresión cuyo criterio es la diversidad y su la unidad de medida el goce, la diversión, en definitiva la satisfacción que estos producen.  Por lo que clasificamos estas peculiaridades eróticas en tres grandes grupos, en referencia al objeto que motiva su atracción y satisfacción:

  1. En primer lugar encontramos aquellas en las que nuestro deseo erótico se activa por la asociación de un objeto, parte del cuerpo, zona, olor, gestos… con el sujeto deseado o una vivencia placentera. Ej.: Fetichismo, sadismo, masoquismo….
  2. Por otro lado las que hacen referencia al tipo de personas o las características de ésta por las que nos sentimos atraídas, como puede ser la edad, el peso…. Ej.: pedofilia.
  3. Y por último aquellas que denominamos anecdóticas por la gran variedad de estímulos que las provocan y, no responder a ninguno de los anteriores, como pueden ser por ejemplo: el exhibicionismo, voyeurismo….

A lo largo de las siguientes entradas iremos analizando algunas de ellas, como ya hemos dicho desde una actitud de cultivo alejada de juicios o valoraciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>