Descongela tu erótica

Del mismo modo que con la llegada del invierno protegemos nuestros cuerpos del frío con abrigos, guantes, bufandas, gorros, etc.… en ocasiones también resguardamos nuestra erótica de posibles amenazas.

Decíamos en el post de “La Primavera la sangre altera” que la subida de la temperatura y el incremento de las horas de luz solar no sólo nos permiten despojarnos de muchas de estas prendas, sintiéndonos y resultando más atractivos a ojos de los demás, sino que además tienen unos efectos muy positivos en nuestro estado de ánimo y por ende en nuestra erótica.La mayor exposición a la luz solar aumenta la secreción de melatonina y endorfinas, tanto en hombres como en mujeres, hormonas que tienen unos efectos muy positivos en nuestro estado de ánimo y en nuestra libido por su poder relajante y la sensación de bienestar que generan, por ello que los días soleados nos encontremos de mejor humor, más enérgicos, con más ganas de salir…, lo cual conlleva una mayor predisposición para las relaciones sociales y evidentemente también para las eróticas. De modo que el sol y la subida de las temperaturas se convierten en dos aliados muy potentes para ayudarnos a descongelarnos, a abandonar esa actitud pasiva, apática propia de los meses grises de invierno en la que caemos en ocasiones.

Pero como decíamos en el mismo post hay quien sufre el efecto contrario, la astenia primaveral, un profundo cansancio, agotamiento, falta de energía…. motivado por una bajada de betaendorfinas en el plasma (sustancias que regulan el estado bienestar – malestar), que hacen que a su cuerpo le cueste asimilar estos cambios climáticos.

Todo proceso de descongelación lleva su tiempo y no todos los procesos suceden igual.

En ocasiones nuestra erótica ha sido tan protegida que podríamos decir que se encuentra en un estado de astenia, le cuesta descongelarse, de nosotros depende que sea sólo estacional, por ello hoy hablaremos de los anticongelantes de la erótica, las prendas de las que hemos de desprendernos y los focos de calor que pueden ayudarnos a descongelarla.

  • Comunicación. El mejor anticongelante.

Junto al compromiso la intimidad es uno de los grandes pilares de las relaciones de pareja. Por ello resulta muy importante cultivarla y una de las mejores formas de hacerlo es comunicarnos y no sólo verbalmente.

En ocasiones cuando animo a las parejas en consulta a comunicarse, imaginan una charla transcendental frente a frente como si de un debate se tratase. Y en realidad las parejas y sobre todo aquellas que conviven, disponen de diversos espacios de comunicación a lo largo del día. Desde una mirada al despertarse, el tiempo del desayuno, mientras preparan la cena, hacen la compra… todos estos son momentos en los que podemos aprovechar para charlar con nuestra pareja sobre cómo nos ha ido el día, los planes para el fin de semana, desahogarnos del estrés laboral, una discusión con mi madre…. lo que nos apetezca, pero sobre todo son momentos para hacerle saber a la otra persona cuán importante es para nosotros, para expresar nuestro deseo, nuestro amor… con una caricia, una mirada, un azote en el trasero… Y todos ellos son pequeños gestos que nos ayudan a cultivar este gran pilar, la intimidad.

Pero hemos de tener en cuenta algunas cuestiones:

1)       Convivir en pareja no significa anularnos como individuo, cada uno de nosotros sigue desarrollándose, creciendo y resulta muy importante compartir con el otro este proceso, ya que de no ser así corremos el riesgo de crecer cada uno por nuestro lado haciendo que cada vez sean menos nuestros puntos de encuentro o estén más lejanos. Por ello resulta muy importante dedicar unos minutos del día a compartirnos con la pareja, a conocernos, a ponernos al día de nuestros cambios, intereses, expectativas, dificultades, ilusiones, a incluir al otro en mis proyectos. Pero ¡ojo! guardando unos límites, sin perder nuestra intimidad personal. Vivir en pareja no significa que el otro tenga que saberlo todo de mí.  Cada uno de nosotros ha de mantener un espacio íntimo y es libre de decidir qué parcelas de sí quiere compartir con la otra persona y cuáles no y hasta dónde.

2)      La sinceridad no siempre es un valor. Una cosa es ser sincero y otra muy distinta es ser sincericida.  Y no es que yo quiera poner en duda el valor de la verdad, simplemente que tengamos presente que la sinceridad deja de ser una virtud cuando decimos lo que pensamos sin tener en cuenta la personalidad de nuestro interlocutor y cómo van a afectarle nuestras palabras.  De manea que yo os invito a hacer un ejercicio de reflexión, a cuestionar y dosificar el grado de sinceridad en función de la personalidad que tenemos en frente. Adaptar nuestro grado de sinceridad a las características de nuestro interlocutor, no significa faltar a la verdad sino hacerla pública causando el menor daño.

3)      Bilingüismo sexual. Este es un término que acuño Silverio Sáez un compañero de profesión, para explicar las diferencias sexuadas en cuanto a la forma de entender y explicar la realidad de forma diferencial entre de hombres y mujeres y que considero bastante esclarecedor.

En las relaciones de pareja no sólo interactúan dos cuerpos distintos (más allá de sus genitales), sino dos formas de pensar, de desear, de sentirse deseado, dos expectativas distintas… en definitiva dos sexualidades diferentes. Por lo que la clave para mejorar la convivencia entre los sexos, a veces tan complicada, radica en asumir estas diferencias y estar dispuestos a conocer y entender el “idioma del otro”, potenciar el bilingüismo sexual. Comprender que hombres y mujeres somos distintos y ver esta diversidad como fuente de enriquecimiento, rompiendo con tendencias jerárquicas, haciendo un esfuerzo por entender el idioma del otro, pero ¡ojo! entenderlo no asumirlo, pues son distintos pero no mejores ni peores. En resumen, que cada uno de nosotros aunque pensemos en una de las lenguas (masculina o femenina), nos sintamos cómodos  y la dominemos,  seamos capaces de entender la otra y hablarla aunque tengamos acento.

  • Despojarse de obligaciones, prejuicios y miedos.

Al igual que con la llegada de la primavera nos despojamos de abrigos, bufandas, gorros, guantes… una vez que hemos alcanzado cierto grado de intimidad con nuestra pareja, resulta importante que seamos capaces de abandonar muchos de nuestros miedos, prejuicios, sentimientos de culpa o de responsabilidad. Y para ello no hay mejor arma que conocernos, autoexplorarnos para descifrar nuestras limitaciones y lo que es más importante, nuestro potencial.

Reconocer y aceptar(nos) que no podremos hacer tal o cual cosa, que no deseamos ciertas prácticas, que no nos sentimos cómodos en determinadas situaciones o que me excita tal o cual cosa…. y asumir que no por ello somos mejores ni peores, simplemente diversos y como ya hemos dicho en más de una ocasión, lejos de ser algo negativo, la diversidad es fuente de riqueza personal y colectiva. Por ello os invito a despojaros de la obligación de desear y ejecutar tres coitos por semana, de tener que llegar a la vez al orgasmo, de mantener la erección “X” minutos, de que me apetezca vestirme de cuero y comprarme un látigo, etc.…. a desprenderos de todas estas ideas y desnudar vuestro deseo, pues sólo así podremos conocerlos, aceptarlo y aprender a satisfacerlo.

  • Las fantasías, el mejor foco de calor.

A veces para entrar en calor no basta con abrigarnos, necesitamos también de una fuente de calor y éste es el papel que van a desempeñar las fantasías en nuestra erótica, van a permitir que nuestro deseo no se enfríe. Son muchos los vientos que pueden apagar la llama de nuestro deseo, el estrés laboral, las tareas domésticas, el cuidado de los hijos, las discusiones con las familias de origen, la salud… por ello hemos de cuidarlo día a día para que no se apague.

Por medio de las fantasías conseguimos erotizar nuestro cerebro (el órgano sexual por excelencia) es decir, darle cabida al deseo erótico en nuestros pensamientos y en nuestra rutina, de manera que así conseguimos alejar otras cuestiones que a veces le roban protagonismo. A través de ellas le hacemos un hueco al deseo y al hacerle sitio este fluye sin más.

Otro aspecto a destacar de las fantasías eróticas es que cultivar nuestro imaginario ejercita nuestra creatividad y esta es una de las aptitudes que mejor nos ayudan a luchar contra la tan temida monotonía, permitiéndonos no sólo introducir pequeños cambios en nuestra rutina, sino también a percibir la realidad desde diferentes puntos de vista, algo bastante enriquecedor y que facilita entre otras cosas la resolución de conflictos en pareja.

Por ello os invito a avivar la llama de vuestro deseo, a potenciar vuestra creatividad y vuestro imaginario a través del cine, la fotografía, la novela o la poesía erótica. A darles un papel protagonista a las fantasías en la película de vuestras vidas.

Y una cosa más, no podemos olvidar que las fantasías son una de las dos posibles vías para satisfacer nuestros deseos, dentro de las cuales encontramos infinitas formas de hacerlo. Decíamos en el post de “fantasías eróticas” que es como si el deseo se pudiese jugar en dos pistas, las fantasías y las conductas o los gestos, de manera que en cada uno de nosotros decidirá qué deseos juegan en cada una de ellas, es decir, qué deseos vamos a satisfacer a través de las fantasías y cuáles vamos a satisfacer por medio de prácticas o conductas.

Las fantasías son a la vez fuente de satisfacción y herramienta para cultivar nuestra erótica.