La eróticas más allá de los 60

Cuando hablamos de la sexualidad de las personas mayores se parte de la idea de que explicaremos las dificultades de su Respuesta Sexual, de disfunciones, ausencia de deseo, enfermedades, fármacos… de que las cosas no serán como en etapas anteriores y evidentemente serán distintas, pero no necesariamente peores.

Es cierto que los sistemas biológicos humanos declinan con la edad, eso es justamente lo que significa envejecer, pero este hecho no tiene porqué estar asociado a enfermedad o dificultad incluso incapacidad para disfrutar de una erótica satisfactoria. La vejez es realmente un estado de ánimo, hay personas muy jóvenes que se sienten mayores y personas de avanzada edad que aún se sientes jóvenes. Y es que envejecer es sólo cuestión de tiempo, es un proceso que se inicia en el mismo instante de nuestro nacimiento y una de las pocas características que nos igualan, todos somos cada momento un poco más viejos. De manera que la vejez no depende tanto de la suma de años, sino de la calidad de vida vivida y en esto incluimos no sólo la ausencia de enfermedad y el bienestar físico, sino también el psicológico, la capacidad para adaptarse a los cambios y disfrutar de ellos y sobre todo, la noción que se posee acerca de la vejez. Si yo considero el envejecimiento sinónimo de enfermedad, soledad, declive… a medida que sea más mayor iré asumiendo estos roles.

Negar los cambios que se producen en la erótica durante esta etapa del ciclo vital sería un absurdo por mi parte, es cierto que los problemas de salud y la toma de fármacos inciden decisivamente en un alto porcentaje de las disfunciones eróticas de las personas mayores, pero como lo hacen el estado de ánimo, el estrés, las discusiones de pareja o el cuidado de los hijos a cualquier edad.

Como nuestro sexo, nuestra erótica está ligada a nuestra biografía y por ello sujeta a nuestro estado madurativo, a nuestros cambios fisiológicos, psicológicos, sociales, etc.…Nuestra erótica está en continuo cambio. ¿O a caso la erótica infantil y la juvenil son iguales? ¿Nuestros deseos han sido siempre los mismos? ¿Y nuestra forma de satisfacerlos?

Adaptarnos a los cambios que a lo largo de nuestra biografía experimentamos no quiere decir que comulguemos con todos ellos, significa simplemente asumir que nuestro gesto, actividad, mente, cuerpo… funcionan con diferentes registros. Y un buen proceso de duelo del cuerpo perdido o la capacidad para… en definitiva de la fase anterior, nos ayudará a comprender no sólo que cada etapa tiene sus riquezas y a disfrutar de ellas, sino a no caer en la a veces tan dañina idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Jubilación y adolescencia dos etapas críticas.

La adolescencia y la jubilación son dos de las etapas más críticas en las biografía de las personas. Y es que ambas son fases de redefinición no sólo corporal sino también psicológica y social. Del mismo modo que hay personas que parecen vivir en un eterno pavo, el síndrome de Peter pan como lo han denominado muchos psicólogos, que se resignan a crecer, a madurar, a asumir responsabilidades, hay personas que no viven la jubilación con júbilo. La cesión de la actividad laboral está asociada en muchos casos al declive, al ya no sirvo para nada porque soy un viejito, lo que hace que este nuevo estatus sea para muchas personas fuente de malestar e insatisfacción. Como aquellos jóvenes se resignan a crecer, a aceptar los cambios que conlleva la edad y asumir su nuevo rol, anhelando etapas o roles anteriores.

Cierto es que el actual culto a la juventud como sinónimo de éxito y valor estético hace un flaco favor al respeto, pero es como si pretendiésemos quedarnos estancados en la infancia porque a esa edad la única preocupación que teníamos era que no nos quitasen los tazos en el recreo.

Así como en la adolescencia muchos jóvenes se sienten presionados para iniciarse en prácticas eróticas como el coito, con el miedo de fondo a un posible embarazo, contagio de ITG, dolor… las personas mayores se enfrentan a una serie de mitos o mejor dicho falsas creencias, que no hacen sino dificultar una vivencia satisfactoria de su erótica y es que en ambas edades, la acciones de educación sexual se centran en su mayoría en riesgos, por lo que sería interesante introducir un cambio en las perspectiva de estas acciones a fin de contribuir a enriquecer su visión de la sexualidad humana y así conseguir una vivencia satisfactoria de la misma.

Algunos ejemplos de estos mitos son:

  • La salud se puede ver perjudicada si se abusa de la actividad sexual:

La erótica de las personas mayores presenta cambios (como cualquier otra condición) pero no desaparece con la edad y es más, quienes cultivan y viven de forma satisfactoria su erótica posee mayor calidad de vida, tanto a nivel físico, como psíquico o social y este bienestar se traduce en mejores marcadores de salud. El problema es que como en el caso de la adolescencia, las campañas de educación en este terreno se centran en los riesgos, en la urgencia y aunque es importante tenerlos en cuenta, no podemos tomar el todo por la parte. No podemos hacer de la excepción la norma.

  • Los mayores no tienen deseos eróticos:

La mayoría de las personas mayores tuvieron una educación sexual bastante restrictiva, aún más en el caso de las mujeres, lo cual dificulta el reconocimiento de ciertas prácticas, deseos o actitudes consideradas bajo ésta noción de sexualidad como nocivas, inadecuadas, patológicas… porque según ésta se espera de ellos que no los tengan. Lo cual hace que los datos que poseemos no sean del todo objetivos y fiables.

Pero también hemos de tener en cuenta que muchos de estos mayores ocultan sus deseos, prácticas, fantasías por miedo a juicios por parte de los hijos, sus iguales, cuidadores, etc.… es el miedo a ser tachado de viejo verde.

Aunque hoy en día sabemos que la sexualidad va más allá de la reproducción aún tenemos un modelo de goce muy genitalizado, muy reproductivo y por ello muy asociado también a la juventud, no olvidemos valor estético. Esta noción de la erótica deja fuera del Orden Sexual (que define lo legítimo e ilegítimo en materia de sexualidad) a los mayores y los menores, hasta el punto de pretender negar su erótica. Y no olvidemos que ésta forma parte de nuestra biografía. El sexo y por ende la erótica no son un añadido, no nos podemos desprender de ellos, nos acompañan a lo largo de nuestro proceso madurativo adaptándose a él, por tanto no desaparece, sino que se manifiesta de diferente modo en cada una de las etapas de nuestro ciclo vital y todos tenemos capacidad y derecho para satisfacerlo.

  • Las dificultades a esa edad son normales:

La experiencia de una erótica satisfactoria en las anteriores etapas enriquece la erótica y facilitar una vivencia satisfactoria, a pesar de todos los factores de envejecimiento que puedan incidir de forma negativa. 

Y es que la vejez no es sinónimo de disfunción o dificultades eróticas. Cierto es que la pérdida de vascularización, el déficit circulatorio, propio del climaterio masculino puede ocasionar dificultades de erección, pero como lo pueden motivar también las presión por no decepcionar o satisfacer a la pareja, el estrés, un estado depresivo, alcohol… en cualquier otra etapa de nuestro ciclo vital. Del mismo modo que la ausencia de deseo asociada a la mujer. Quizá esto tenga más que ver con las puertas de acceso que con el desear mismo y es que del mismo modo que nuestros cuerpos, esquemas de pensamiento, o formas de divertirnos cambian a lo largo de nuestra biografía también lo hacen nuestros deseos, nuestra forma de desear, sentirnos deseadas y satisfacerlo. Probablemente no es que no haya deseo, es que no se ha encontrado la puerta de acceso, o no se desea lo que se supone tiene que desearse.

  • Los mayores se emparejan para no estar solos.

Ya hemos dicho que nuestra erótica no es un añadido, nos acompaña a lo largo de nuestra biografía y con ella nuestros deseos, fantasías, anhelos del otro… adaptándose a las necesidades y características de nuestro momento madurativo. De manera que nuestra erótica no desaparece sino que cambia.

Desde una erótica reproductiva y con el culto a la juventud de fondo, la erótica de los niños y mayores parece quedar descarta, por lo que muchas personas mayores se sienten juzgadas negativamente al reconocer que tienen deseos eróticos y que desean satisfacerlos y quienes deciden satisfacerlos se encuentran con grandes dificultades. En este sentido los viajes del IMSERSO han jugado un papel muy importante, ya que en ellos el encuentro entre mayores era legítimo, no sólo han permitido cultivar y enriquecer la red social de muchas personas mayores, abrir sus círculo de amistades, sino también facilitarles la satisfacción de sus deseos eróticos, incluso encontrar pareja, algo que por regla general en su círculo más intimo les resulta muy complicado.

Hemos de tener en cuenta también una vez más el papel que la educación recibida juega al respecto. Probablemente la mayoría de estos mayores tuvieron una educación sexual muy restrictiva en la que los deseos y ciertas prácticas estaban íntimamente ligadas al matrimonio, con lo cual no es de extrañar que muchos de ellas no conciban la satisfacción de estos deseos fuera de una relación estable de pareja. Pero además hemos de sumarle a esto que muchos de ellos, fruto de esta educación recibida sienten sentimientos de culpa al experimentar ciertos deseos, con lo que a ojos de los demás justifican estas uniones con el miedo a la soledad, alguien que me guise,…. Ya que estos deseos si han sido socialmente aceptados, generalmente en el caso de muchos hijos que se resignan a creer que sus padres aún sientan deseos eróticos y la necesidad de satisfacerlos.

Antes de terminar:

  • Uno de los mejores signos de predicción de cómo será la sexualidad en la vejez es cómo se ha vivido ésta en etapas anteriores así como la regularidad erótica y si existe o no pareja en esta etapa.
  • Dos factores para lograr una vivencia satisfactoria de la erótica en la vejez:
  • Un bebé que no es acariciado no crece, muer, un joven no acariciado se enfada, un adulto que no es acariciado entristece y una persona mayor que no es acariciada enferma. Y es que la sexualidad te mantiene en contacto con la vida.

SUGERENCIAS:

Las edades del erotismo

Pocos conocen su faceta como sexólogo, pero lo cierto es que Gregorio Marañón hizo grandes aportaciones a la ciencia de los sexos, entre ellas sus teorías acerca de la intersexualidad, recogidas en su obra La evolución de la Sexualidad Humana y los Estados Intersexuales. Ed. Morata. Madrid, 1930, en la que afirma que “lo masculino y lo femenino no son dos valores opuestos, sino grados sucesivos del desarrollo de una función única: la sexualidad”, de manera que todos somos intersexuales, todos poseemos caracteres de uno y otro sexo a través de los cuales  nos vamos construyendo como los hombres y mujeres que somos fruto de un proceso continuo y permanente de sexuación, un proceso que se inicia en el mismo instante de la fecundación y que finaliza con la muerte. O como afirmó Marañón en su día, en una de las conferencias de presentación de su libro “La edad crítica” cuando uno de los asistentes le preguntases ¿Cuándo finaliza la sexualidad humana? Media hora después de morir. Probablemente esto sea una exageración, pero lo cierto es que el sexo que somos cada uno de nosotros no es dado de una sola vez, sino que se va construyendo a la largo de nuestra biografía fruto de este proceso de sexuación del que hablábamos y por ello se encuentra en continua evolución, no es que aparezca o desaparezca, sino que su forma varía atendiendo a nuestras características evolutivas.

Con esta idea de fondo en las próximas entradas y esta tarde en las tardes de radio Alcosa, haremos un breve repaso por la sexualidad en las diferentes etapas de nuestra vida.

¡No te lo pierdas!

EL ORGASMO

La Respuesta Orgásmica o Sexual como la definen algunos autores consta de varias fases. Secuencias que han sido definidas de muy diversas formas por distintos autores. Por ejemplo investigadores como Manuel Lucas Matheu o Francisco Cabello, del Instituto Andaluz de Sexología apuestan por simplificar este circuito en tres fases: intumescencia – orgasmo – detumescencia. Si echamos la vista atrás veremos que a lo largo de la historia han sido mucho los que han pensado sobre esta cuestión y muchas han sido también sus aportaciones, por ejemplo en 1906 el psicoterapeuta inglés Havelock Ellis describió este fenómeno en dos fases: intumescencia – detumescencia.  Años más tarde el sexólogo y biólogo estadounidense Alfred Kinsey (1953) optó por explicar este fenómeno en tres fases: excitación – orgasmo – postefectos; y más tarde los mediáticos Master y Johnson (1966) lo harían en cuatro fases: excitación – meseta – orgasmo – resolución; esquema al que Helen Kaplan (1979) añadiría el deseo como fase inicial del proceso.

Como vemos hay diferentes teorías en referencia a esta experiencia. Yo he tomado el modelo de Master y Johnson, con el matiz de Kaplan para definir la Respuesta Orgásmica, por considerar que es uno de los más completos y que a mi entender nos facilita la compresión de muchas de las dificultades que suceden en torno a la satisfacción erótica.

Me gusta definir esta secuencia (Deseo-Excitación-Meseta-Orgasmo-Resolución) como un circuito eléctrico en el que podemos encontrar un interruptor con dos modalidades ON – OF en cada una de sus fases, de manera que aunque se encuentren encadenadas, cada una de ellas posee cierta independencia respecto a la anterior y la posterior. Según este modelo las dificultades para alcanzar el orgasmo no tienen por qué suceder en esta fase, sino que pueden estar ocasionadas por alguna dificultad en otra de las etapas de este circuito. La tarea sería averiguar en qué fase se produce la avería  y qué hechos, fenómenos, actitudes… apagan su interruptor. Pero de esto hablaremos otro día, hoy el tema que nos ocupa es el orgasmo.

Y… ¿qué es esto del orgasmo?

El orgasmo es un fenómeno psicofisiológico en el que están involucrados cuerpo y mente. Probablemente sea la fase más intensa de nuestra Respuesta Sexual y, en la que experimentamos diversas sensaciones placenteras a nivel general, es decir, a nivel físico y psicológico siendo estas últimas las más relevantes, por lo que afirmamos que el orgasmos si se localiza en algún sitio, éste es el cerebro, el órgano sexual por excelencia.

Mucho se ha hablado de las diferencias sexuadas del orgasmo, de si el orgasmo femenino es más o menos intenso que el masculino, de la capacidad multiorgásmica de unas, de la profunda relajación de otros… Y lo cierto es que del mismo modo que no podemos decir que existan hombres y mujeres puros, es decir, que sólo posean caracteres sexuales masculinos o femeninos (como ya hemos dicho en otras ocasiones todos somos intersexuales, todos poseemos mucho o poco del otro sexo), tampoco podemos asegurar que exista una forma de desear y satisfacer nuestros deseos o conseguir el orgasmo estrictamente masculina o femenina. Pero lo cierto es que se producen varias coincidencias en cuanto a formas de excitación, tiempos, sensaciones, etc… entre individuos de un mismo sexo que nos hacen hablar de tipos de orgasmos frecuentes o más comunes en uno u otro sexo, enseguida veremos cuáles.

Podríamos decir que el orgasmo forma parte de los llamados caracteres sexuales terciarios, aquellos rasgos, fenómenos, actitudes…. que siendo más comunes en un sexo que en otro son compartibles, es decir, pueden darse en ambos sexos.

Pero veamos cuántos tipos de orgasmos existen:

Diferenciamos tres tipo de orgasmos, que no tres tipos de persona, sujetos a ser experimentados por cualquiera de nosotros a lo largo de nuestra vida.  El hecho de que sintamos uno u otro no sólo depende de nuestras características y capacidades personales y sexuadas, sino también del objetivo que persigamos, de las expectativas, la situación en que se producen…, es decir de una serie de factores externos que también inciden en la experiencia orgásmica y por ende en la satisfacción.

                                  c                                        b                                    a

ORGASMO TIPO “A”: Uniorgasmo. Como vemos en la gráfica, la fase de excitación siguen una línea ascendente que va in crescendo hasta llegar a la fase de meseta, donde se mantiene el nivel de excitación alcanzado durante unos minutos, para posteriormenten volver a crecer hasta alcanzar su punto más elevado en la fase de orgasmo.  Tras esta fase, que suele ser bastante intensa, llega la etapa de resolución, en la que los niveles de ritmo cardiaco, respiratorio, temperatura, tensión muscular, etc… vuelven a su estado habitual. En este tipo de orgasmo la resolución llega de forma casi repentina, se produce a gran velocidad, es lo que algunos han llamando la muerte dulce por el estado de profunda relajación, agotamiento y bienestar que se experimenta tras el orgasmo. Durante esta etapa tanto el deseo como la excitación caen en picado tras el orgasmo, de manera que es prácticamente imposible volver a iniciar el proceso en un periodo de tiempo relativamente corto. La persona necesitaría un periodo de recuperación (periodo refractario) de varias horas.

Este tipo de orgasmos en el que la fase de resolución se produce de forma súbita es el más común entre los hombres y poco frecuente entre las mujeres.

ORGASMO TIPO “B”: En este tipo de orgasmo la fase de excitación y la de meseta no son tan lineales como en el anterior (no hay una subida tan marcada), sino que se producen varios picos de intensidad y son más extensas en el tiempo. Tras la fase de orgasmo, quizá menos intensa que la anterior, no suele haber un periodo de resolución como tal, de manera que la excitación y el deseo se mantienen pudiendo volver a experimentar de nuevo otro orgasmo si se continúa la estimulación, con lo cual el motivo para dar por finalizado el proceso no es la ausencia de éstas, sino que tienen más que ver con factores como cansancio, falta de tiempo, etc… Este tipo de orgasmo suele ser más común en mujeres que en hombres.

ORGASMO TIPO “C”: Aunque es muy similar al tipo “A” la diferencia radica en que en éste la fase de excitación y meseta no siguen una línea ascendente tan marcada y el proceso de resolución no es tan brusco, de manera que el deseo y la excitación no se pierden por completo tras el orgasmo y esto da lugar a que pueda iniciarse el proceso tras un breve periodo refractario o de recuperación.

Este tipo de orgasmos aún siendo más común en mujeres también se da en algunos hombres, sobre todo en aquellos de edades más tempranas, como consecuencia de una optima capacidad física.

Con frecuencia tendemos a pensar que con el orgasmo y sobre todo con la pérdida de erección ha desaparecido el deseo y la excitación y que por tanto el encuentro erótico ha finalizado, hemos tener en cuenta que el orgasmo es sólo una fase más de nuestra Respuesta Sexual, como hemos visto en las gráficas no tiene por qué suponer el fin y, mucho menos convertirse en el objetivo último. La sexualidad humana no es una cuestión de metas, disfrutar de nuestra erótica es algo más que llegar a un punto, de hecho obsesionarnos con la llegada, con la meta puede impedirnos disfrutar de la bello del paisaje, algo que puede hacer que nuestra llegada sea menos satisfactoria.

A veces la satisfacción por llegar a un punto no tiene que ver tanto con llegar al lugar deseado, sino con la satisfacción que producen las sensaciones experimentadas a lo largo del trayecto.

Esto es como quien hace el Camino de Santiago. El camino no se reduce al día o el momento de la llegada a la catedral, sino que es todas las experiencias vividas a lo largo de cada una de las diferentes etapas. Con nuestra erótica sucede lo mismo, no se limita sólo al orgasmo, ésta es una más de las etapas dentro de una gran secuencia de sensaciones placenteras.

Por ello conviene que tengamos en cuenta lo siguiente:

• El orgasmo no es privilegio de nadie, sino un hecho humano al que todos tienen acceso según la misma condición humana. Sean cuales sean nuestras peculiaridades o dificultades personales, por el hecho mismo de ser sexuados todos poseemos la capacidad de alcanzar y un orgasmo y es más, de conseguir una vivencia satisfactoria de nuestra erótica sin que se produzca éste.

• Porque el orgasmo no es ni ha de ser la finalidad de lios encuentros eróticos. Probalemente, como ya hemos dicho sea el acontecimiento más intenso y sensible, pero no el único, ni mucho menos el más importante de la relación sexual entre dos personas que se desean, atraen o aman.

• Hemos convertido el orgasmo, una sensación muy placentera que surge fruto de los deseos de cada cual – sujetos a ser satisfechos de forma individual o en pareja – en un deber,  tiene que ocurrir si o si en nuestros encuentros eróticos y,  esta obsesión por “conquistar” o “lograr” el orgasmo nos priva en ocasiones de disfrutar relajadamente y con sosiego del resto de satisfacciones y goces que hay en todo encuentro erótico.

• Tomar el orgasmo como único criterio de satisfacción es tan parcial y nefasto como tomar la sexualidad en el único sentido de saciar una necesidad. La erótica humana no es cuestión de metas u objetivos y por tanto, no es saciar las necesidades lo que cuenta. Sino realizarse como personas, incluyendo en la persona su propia sexualidad.

El goce no tienen por qué quedar reducido unos segundos. Os invito a salir de la prisa por alcanzar la meta, a deteneros para admirar el paisaje y a disfrutar de cada una de las etapas de nuestrs camino al placer.

¡Buen camino!

Placer femenino II

Hoy un día en el que se conmemora la lucha de muchas mujeres por conseguir la igualdad de oportunidades y una representación activa en la sociedad, aprovecho la ocasión para reinvidicar el placer femenino, un derecho  a veces relegado a un segundo plano y al que se le ha dado menos publicidad que a otros quizá por pertenece al terreno de la intimidad de cada cual.

El reconocimiento del placer femenino es relativamente reciente en nuestra historia. Supuso aceptar que la reproducción, si bien es cierto que forma parte de la sexualidad humana, no es el objetivo final y que por tanto, el destino de las mujeres no es la maternidad. Ésta es más una cuestión de deseos (de placeres por qué no) que de instintos o condición.

Este Orden Sexual Reproductivo ha supuesto la subordinación del placer femenino al modelo de goce (genital y reproductivo) del varón, dificultando a las mujeres vivir su propia sexualidad y disfrutar de ella y en especial de su erótica, en definitiva, conocer y explorar su placer, por lo que aún andamos un poco verdes en estas cuestiones.

Aunque en los último años hemos conseguido grandes logros en este sentido, gracias a muchas acciones educativas (algunas con sexología y pedagogía y otras no), movimientos reivindicativos (pro igualdad o pro diferencia) y sobre todo con un cambio de actitud más respetuoso en cuanto a diferencias de orientación y formas de satisfacer los deseos, lo cierto es que aún nos siguen atormentando muchos de los fantasmas del pasado y, la libertad sexual alcanza a veces también nos pone en apuros, nos hace caer en trampas que nos vuelven a marcar deberes, ya no tanto desde el vicio, el peligro, la enfermedad o la desviación pero sí desde habilidades sexuales, listados de puntos erógenos, predisposición sin límites, cuerpos esculturales, posturas a veces más cercanas a las artes circenses que al goce de los cuerpos…. Por lo que no puedo desaprovechar la ocasión para reivindicar una vez más la importancia de una Educación Sexual con sexología y pedagogía, con rigor científico, alejada de juicios, morales e ideologías, desde la que se permita a los sexos, a los hombres y las mujeres CONOCER (SE), ACEPTAR (SE) y vivir de forma SATISFASTORIA su sexo, su peculiar forma de ser hombres y mujeres, de vivirse, sentirse, expresarse, desear, amar, convivir y reproducirse como tal.

De otros muchos derechos podrán habernos privado a lo largo de la historia a las mujeres, pero el derecho a desear y disfrutar de nuestra erótica, está en nuestras manos. Por suerte la naturaleza nos regalo el único órgano cuya peculiar y exclusiva función es proporcionar placer, el clítoris un miembro que no necesita de complementos ajenos a nuestro cuerpo (o sí, dependen de los deseos de cada una) para cumplir su recuerdo única tarea, hacernos disfrutar, por ello hoy Día Internacional de la Mujer os invito no sólo a explorar vuestros cuerpos  y vuestra erótica y disfrutar de ello, sino a salir de la trampa en la a veces, esos fantasmas del pasado nos hacen caer, a vivirnos como las directoras de nuestra biografía.

Sentirnos satisfechas no ha de ser una sensación ligada a la buena voluntad, la destreza o los deseos de nadie que no seamos nosotras mismas. Una cosa es que yo desee compartir y satisfacer algunos de mis deseos en relación (con otro sexuado) y otra que le haga responsable de mi goce.

Detrás de cada fantasma, de aquello que nos asusta o nos frena hay una fantasía, algo que nos ilusiona, entusiasma, nos hace seguir adelante. Los fantasmas no tienen por qué ser malos, en algunos momentos pueden ayudarnos a poner los pies en la tierra, incluso a coger impulso, lo importante es aprender a convivir con ellos y no permitir que éstos (a veces disfrazados de doctrinas, moral, deberes….) nos impidan vivir y disfrutar de nuestra fantasía y mucho menos de nuestro desear.

Y para terminar un regalito Pienso en ti con mis manos

Os deseo un buen día a todas!!

Placer Femenino I

El próximo viernes día 8 se celebra el día Internacional de la mujer. Mucho de habla de sus derechos laborales, su papel en la sociedad, en la familia…. pero muy poco de su placer, sus deseos, fanasías…. por ello dedicaremos los post de esta semana a hablar de la erótica femenina y, ahí va la primera entrega:

Durante muchos siglos se ha creído erróneamente que la reproducción era la única función de la sexualidad humana, o se ha intentado justificar el placer que ésta proporciona a través de ella, por este motivo todas aquellas prácticas eróticas, orientaciones del deseo o formas de satisfacerlo que se alejaban de ella, eran rechazadas, tachadas de vicio, pecado, desviación… etc., dependiendo de la moral o ideología por las que eran juzgadas.

Con esta idea de fondo, a finales del siglo XIX, principios del XX, el psicoanalista Sigmund Freud se atrevió a hablar de sexo en voz alta, no es que otros no lo hubiesen hecho ya, pero quizá su discurso no era tan provocador. Aunque la mayoría de sus teorías hoy en día están desfasadas, hemos de reconocer y agradecer sus logros, pese a que algunos de ellos nos hayan metido en algún que otro lío, por ejemplo su diferenciación del orgasmo femenino en dos tipos: clitoriano – vaginal.

Freud fue el primero en teorizar sobre la masturbación infantil, una práctica que asociaba con una sexualidad incompleta (recordemos que no permite la reproducción y, de ahí que se entienda como una práctica inferior al coito), propia de la infancia y adolescencia.

Según Freud las niñas y adolescentes obtienen placer estimulando su clítoris, órgano situado en la parte externa de sus genitales, he ahí el primer tipo de orgasmo, el clitoriano. Según sus teorías a medida que la mujer fuese madurando debía aprender a transferir su respuesta erótica, su placer, del clítoris a la vagina, aprender a tener orgasmos vaginales, que su sexualidad (mejor dicho su erótica) pasase de un estado infantil a un estado adulto, es aquí donde aparece el orgasmo vaginal, la forma en que según Freud la mujer obtenía y debía sentir placer, su segundo tipo de orgasmo.

He aquí el inicio de la eterna duda, de la culpa de muchas mujeres, de abecedarios sobre puntos que nos llevan al clímax, de mitos y expectativas… en torno al placer femenino.

Pero… ¿Existen dos vías de acceso al clímax en el cuerpo de la mujer?

La puerta del placer y la satisfacción erótica no tienen una sola llave. Esta cerradura puede abrirse con diferentes llaves, todas ellas igual de legítimas e importantes, no existen jerarquías, todas encajan en algún momento y sirven para un mismo objetivo, proporcionar placer y alcanzar la satisfacción.  De manera que no existen fórmulas mágicas universales para alcanzar el orgasmo, sino que cada uno de nosotros ha de explorar su erótica y aprender a descifrar las suyas, pues todos, sean cuales sean nuestras peculiaridades personales o dificultades, tenemos la capacidad de alcanzar un orgasmo y es más, de vivir una erótica satisfactoria, se produzca o no éste.

 

Hemos de tener en cuenta que el orgasmo es un acontecimiento más en nuestra respuesta erótica, una fase del esquema DEMOR (Deseo, Excitación, Meseta, Orgasmo y Resolución) que en su día diseñaron Masters y Johnson, el punto de mayor excitación e intensidad probablemente pero no el único (ya hablaremos de esto en otra ocasión). Una fase en la que se manifiestan determinados signos físicos pero sobre todo, otros muchos psicológicos quizá más relevantes, por lo que el placer y por ende el orgasmo (tanto en hombres como en mujeres), si se encuentra en algún sitio es en nuestro cerebro, el órgano sexual por excelencia, el encargado de descifrar y enviar las órdenes que hacen posible esta sensación tan placentera.

Pero entonces… ¿qué pasa con los orgasmo clitoriano o vaginal?

Tomando prestada otra afirmación del maestro Ellis, os diré que “no hay ninguna parte del cuerpo que no pueda ser erógena tampoco ninguna sensación o emoción” sobre todo en el cuerpo de la mujer añado yo.

Por regla general la erótica femenina es más global, desgenitalizada, en ella intervienen los cinco sentidos y todos gozan de protagonismo, como dirían otros de los grandes pensadores del siglo XX, Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut en su obra “El Nuevo Desorden Amoroso”, el cuerpo femenino es metagenital. Sin embargo, lo cierto es que a diferencia del varón, la mujer cuenta con el único órgano cuya exclusiva función es proporcionar placer, el clítoris, todo un regalo de la naturaleza.

Ya hemos dicho que el orgasmo es algo subjetivo y que se encuentra en nuestro cerebro, pero también que en nuestra Respuesta Sexual influyen muchos aspectos tanto físicos como psicológicos. Cuando hablamos de orgasmo clitoriano o vaginal nos referimos a esta parte física, corpórea de nuestra Respuesta Sexual,  es decir, a aquellas zonas del cuerpo femenino que estimulamos para proporcionarle/nos placer y alcanzar el clímax. Y la duda que se plantean muchos es cuál de estas dos zonas proporciona mayores dosis de placer a la mujer.

La estructura del clítoris es mucho más grande de lo que apreciamos a simple vista. Posee un total de 8.000 fibras nerviosas (a diferencia de las 4.000 – 6.000 que posee el pene) que inervan la entrada de la vagina y recubren el interior de toda nuestra vulva. La vagina es un espacio virtual (ya que los músculos que la forman se encuentran plegados) y prácticamente insensible, de manera que la mayoría de las sensaciones placenteras que experimentan las mujeres al estimular sus genitales son consecuencia de este regalo de la naturaleza, el clítoris.

Y no sólo lo digo yo, los científicos lo corroboran:

Ya a finales de los 40 principios de los 50 del siglo pasado, Alfred Kinsey, médico y sexólogo afirmaba: “el clítoris desempeña un papel importante, si no único, en la respuesta orgásmica de la mujer y que el orgasmo vaginal es una imposibilidad biológica”.

Y años antes, Albert Ellis, uno de los psicoterapeutas más influyentes del siglo XX, afirmaba: “las mujeres pueden tener orgasmos de muchas formas distintas, especialmente si se manipula la región del clítoris, no la vagina. La vagina es relativamente insensible al estímulo sexual, porque si fueran sensibles al estímulo sexual, las mujeres no serían capaces de tener niños, ya que el parto sería dolorosísimo, más de lo que es ahora, siendo ésta una zona relativamente insensible”.

Parece increíble que con afirmaciones como las de los maestros Ellis y Kinsey, ya a inicios del siglo XX, la lucha entre el orgasmo clitoriano o vaginal siga siendo un tema de actualidad en nuestros días y no sólo eso, sino motivo de sentimientos de culpa, sospecha de enfermedad o incapacidad para alcanzar el placer, para desear de muchas mujeres, por ello el siguiente post lo dedicaremos a reflexionar sobre esto.