La Primavera la sangre altera

Llega el mes de marzo y con él decimos adiós a los meses grises de frío y lluvia para recibir la tan ansiada primavera, aquella que según muchos la sangre altera.

La palabra primavera proviene del latín y significa “primer verano”, porque en esta época del año comienzan a subir las temperaturas y hay más horas de luz.  Esta mayor exposición a la luz solar aumenta la secreción de melatonina y endorfinas, tanto en hombres como en mujeres, que tienen efectos muy positivos en nuestro estado de ánimo y en nuestra libido. Por regla general los días soleados nos encontramos de mejor humor, más enérgicos, con más ganas de salir,  de hacer actividades al aire libre, y ello conlleva una mayor predisposición a las relaciones sociales y evidentemente también a las eróticas.

Sin embargo, con la llegada de la primavera muchas personas experimentan el efecto contrario, al menos durante las primeras semanas. Es lo que conocemos como el síndrome de la “astenia primaveral“, que se caracteriza por un profundo cansancio,  agotamiento y falta de energía. Su principal causa es la disminución de betaendorfinas en el plasma (sustancias que regulan el sistema bienestar-malestar). Para combatir la astenia primaveral lo mejor es descansar y dormir todo el tiempo que nuestro cuerpo necesite (y que podamos), practicas ejercicio y actividades de relajación y seguir una dieta completa y equilibrada.

Otro de los fenómenos que complica el disfrute de esta estación son las alergias, sobre todo aquellas a los pólenes, y es que a pesar del malestar físico que estas provocan, estornudos, picor e hinchazón de ojos, irritaciones cutáneas, asma…,  los antihistamínicos, los fármacos encargados de combatir o reducir estos síntomas, tienen un efecto analgésico que nos hace sentirnos más cansados, apáticos, incluso en algunos casos disminuye el deseo erótico.

Ya hemos hablado de la luz, pero decíamos al principio que el calor también juega un papel muy importante en aquello de alterar nuestra sangre,  y es que al subir las temperaturas nos despojamos de muchas de las prendas que nos han acompañado en los meses de invierno dejando ver más partes de nuestro, lo cual nos hace resultar más atractivos a ojos de los demás y despertar su excitación. Escotes, minifaldas, prendas más ligeras que dejan entrever nuestra silueta se convierten en otro de los grandes estimulantes de nuestro deseo erótico.

No podemos pasar por alto que durante esta época del año se celebran gran cantidad de Romerías, Fiestas, Ferias…. espacios de encuentro en los que se mezcla la diversión, el buen humor, música, el baile, la predisposición a pasarlo bien, los amigos que hace tiempo que no vemos, aquellos que acabamos de conocer…. Todos ellos hechos que favorecen las relaciones sociales y por qué no las relaciones eróticas.

De manera que podemos decir que la Primavera es una época del año que estimula nuestro deseo erótico por diversos motivos, depende de nosotros sacarle el máximo partido y aprender a trasladar todo lo bueno que la llegada del sol y calor nos traen a otras estaciones del año, o momentos en los que nos sintamos más bajos de ánimo.

Erótica y maternidad/paternidad

Si te perdiste la sección de sexo de “Las tardes de Radio Alcosa” ayer, no te preocupes, hoy colgamos algunas de las consultas que atendimos en directo.

Soy madre de un bebé de 5 meses y, desde que di a luz no he mantenido relaciones sexuales con mi pareja. Hablé con una amiga y me dijo que puede ser porque aún amamanto al niño ¿hay alguna relación entre la lactancia y el deseo sexual?

Al hablar de deseo erótico habría que definir a qué deseos nos referimos. En ocasiones decimos que no tenemos deseo cuando en realidad esto no es del todo así, lo que sucede es que no nos apetecen ciertas prácticas eróticas como puede ser una penetración vaginal, debido a que en la mayoría de los casos los genitales femeninos se encuentran muy afectados tras el parto.

No podemos olvidar que la erótica humana es algo más que coitos y penetraciones.

Pero respondiendo a tu pregunta, aunque en esto del deseo erótico influyen muchos factores, lo cierto es que a veces sí existe cierta relación entre la lactancia y unos niveles de deseo erótico más bajos. Y es que durante el periodo de lactancia nuestro organismo genera una hormona llamada prolactina (que es la responsable de la secreción de leche materna) que inhibe el deseo erótico de la madre, aquel centrado en prácticas reproductivas, puesto que esta hormona ha sido a lo largo de nuestra evolución un arma de defensa para evitar otro posible embarazo que pusiera en peligro el desarrollo de las crías. Nos remontamos aquí a los primeros años de historia del Ser Humano, donde la madre había hecho un esfuerzo muy grande durante la gestación, como para arriesgar su supervivencia con un nuevo embarazo.

De manera que niveles altos de prolactina pueden estar asociados a un menor deseo erótico, pero como te decía, lo importante es no limitar este deseo a una sola práctica erótica, e ir poco a poco, marcándonos objetivos pequeños. Nadie corre una maratón sin haberse entrenado antes.

Soy madre de un bebé de 9 meses. En el parto me hicieron la episiotomía y desde que tuve al pequeño evito todo contacto sexual con mi pareja, no me apetece nada mantener relaciones sexuales. ¿Qué tendría que hacer para solucionarlo? Me preocupa que mi marido se canse de esta situación.

Parir es una actividad sexual. El embarazo, el parto, la lactancia o el cuidado del bebé…. Son parte de la vida sexual de la mujer y por tanto su deseo erótico se ve satisfecho con su faceta de madre, de manera que no es que no haya deseo erótico, sino que tu deseo ahora se está encauzando hacia otras vías.

Otro detalle a tener en cuenta es qué después del parto los genitales femeninos quedan muy afectados, sobre todo la vagina y más aun en casos como el tuyo en los que ha habido una episiotomía, por lo que es lógico que el deseo de prácticas con penetración, de coito no surja. Pero esto no significa que no se anhele otro tipo de contactos con la pareja, un contacto no genital, no coital.

Muchas veces cuando hablamos de relaciones sexuales nos limitamos a pesar en coito y olvidamos que ésta es sólo una de las múltiples alternativas que tenemos para poder disfrutar de nuestra erótica y, el hecho de que éste no resulte apetecible no significa que no deseemos disfrutar con nuestra pareja o en solitario, sino que nos apetecen otras cosas.

Seguramente tú ya tendrás claro qué tipo de prácticas eróticas no te apetecen nada, yo lo que te aconsejaría es que ahora pienses en aquello que te gustaría hacer, un masaje, una masturbación, una ducha, ver una película los dos solos…. A veces el deseo no surge porque no le damos el espacio que requiere, porque no invocamos a los espíritus, porque no le facilitamos un clima de intimidad, por ello tenemos que buscar tiempos y espacios para cultivar la pareja al margen de la familia. Crear tiempos en los que dejemos de ser padres para pasar a ser amantes. Y de este modo el deseo fluirá. Además como decía en la anterior consulta, nadie corre una maratón sin entrenar, tenemos que empezar por objetivos pequeños, que no nos supongan ningún esfuerzo. Esto es como cuando llegas cansado a casa y tienes hambre, probablemente no te apetezca nada ponerte a cocinar un solomillo a la reducción de P.X y pimientos confitados, sino que preparas un sándwich o u huevo frito, pues con la erótica sucede lo mismo, es lógico que ahora no te apetezca algunas prácticas que para ti suponen un esfuerzo, pero seguro que hay otras muchas que no te importaría tanto hacer y pueden ayudar a ir avivando el deseo poco a poco.

 

Somos padres de dos niños, una niña de tres años y un niño de un año y medio. Desde que nació el segundo nuestra actividad sexual ha mermado considerablemente. Ni ella ni yo tenemos deseos. ¿Por qué puede ser? ¿Qué tenemos que hacer para recuperar el deseo?

La llegada de los hijos introduce muchos cambios en las relaciones de pareja, el primero y más importante es que ahora tendremos que compaginar nuestra faceta de amantes con la de padres, algo que no siempre es fácil, porque además de amantes y padres también somos trabajadores, amigos, hijos, hermanos… y sobre todo sujetos independientes que necesitan su espacio para desarrollares. Tenernos que dividir en tantas parcelas a veces hace que apenas le dediquemos tiempo a cultivar la intimidad de la pareja, que como ya he dicho es muy importante para que nuestro deseo fluya.

  • Otro factor a tener en cuenta que puede influir en un nivel más bajo de deseo es que por muy deseado que sea un bebé y muy bien que nos organicemos en las tareas de su cuidado y en su conciliación con el trabajo, casa… la crianza de los hijos requiere esfuerzos y esto genera cansancio. Y con poca energía hay poca probabilidad de sentir deseo.
  • Si además le sumamos que con la llegada de los hijos aparecen también nuevas situaciones que hay que resolver, en las que no siempre vamos a estar de acuerdo y pueden dar lugar a conflicto, esto agrava el hecho de que no nos apetezca intimar con la pareja.
  • Otro aspecto a tener en cuenta es que durante el embarazo y tras el parto el cuerpo de la mujer sufre muchos cambios y, estos no siempre son percibidos con agrado. Si no nos sentimos a gusto con nuestro cuerpo difícilmente desearemos compartirlo con el otro. La autoestima y autoaceptación aquí juega un papel muy importante.

Como vemos pueden ser muchos los aspectos que provoquen que nuestro deseo disminuya, cada pareja es un mundo y cada una tendrá sus motivos. Pero también convendría aclarar de qué tipo de deseos hablamos, como ya hemos dicho el hecho de que no se deseen ciertas prácticas, no significa que no deseemos un contacto erótico con nuestra pareja y, tendremos que empezar por objetivos pequeños, nadie corre una maratón sin entrenar.

Por eso para recuperar el deseo yo os diría que lo primordial es cultivar la intimidad de la pareja, darle espacio y tiempo para que el deseo fluya, invocar a los espíritus, buscar momentos en los que podamos hacer un paréntesis en nuestra labor de padres y dedicarnos a nuestra faceta de amantes. Yo sé que es muy fácil decir esto y que en la práctica cuesta hacerlo, pero es muy importante, yo siempre digo en consulta que si queremos mantener el árbol de la familia, lo que tenemos que regar no son las hojas, que serían los hijos, sino las raíces, la pareja, que es la base de la familia. Si nosotros estamos bien como pareja nos será más fácil estarlo también como padres y como familia.

Por eso mi consejo sería que desconectéis a pequeños ratitos del rol de padres para dedicaros al de amantes. Empezando por supuesto por objetivos pequeños, como por ejemplo acostar a los niños un poco antes para tener más tiempo para vosotros. Y  yo os invitaría también a hacer una lista de tareas del día o la semana, una lista de prioridades en la que la pareja, el cultivo de vuestra intimidad, no podrá estar más abajo del tercer cuarto lugar, que si algo nos queda por hacer sean otras cosas. Reservaros un tiempo y que ese tiempo sea sagrado para hacer actividades juntos, algún deporte,  ver una peli,  charlar, pasear, un encuentro erótico, lo que os apetezca…. Para que poco a poco el deseo erótico fluya y vuestra relación se vaya reforzando. 

Somos padres de un niño de 18 meses, aún duerme en nuestra habitación. Y la verdad es que yo no me siento muy cómo con él ahí al mantener relaciones sexuales con mi pareja. Nos gustaría que durmiese en su propia habitación, pero llora mucho. ¿Qué podemos hacer?

Seguramente hay otras muchas razones por las que vuestro hijo también llora y las resolvéis con éxito como por ejemplo cuando no quiere bañarse, o volver a casa cuando ha estado toda la tarde jugando en el parque o cuando no le dejáis comer más chocolate o chuches. Se trata de que el niño vea que ésta es una más de esas conductas o apetencias que no puede hacer cuando quiera, para que empiece a respetar vuestra intimidad y a veros no sólo como padres, sino también como pareja, que aprenda a diferenciar los distintos sistemas que conviven en vuestra organización familiar (generalmente pareja e hijos, pero también abuelos, algún tío….). Por supuesto no se trata de sacarlo por la fuerza como si fuera un ocupa, pero sí de invitarle a salir poco a poco -venderle la moto- haciendo que su habitación resulte cada vez más atractiva para él con pequeños detalles, decorarla con personajes que le guste, tener en ella algún juguete que sólo pueda utilizar en esa habitación… y, sobre todo aumentar los tiempos que el niño pasa en ella, por ejemplo, la siesta, el juego, para que la asocie con experiencias positivas. Los niños entienden más cosas de las que nosotros creemos y, hablando se entiende la gente, podemos explicarle que ya es mayor y que ahora tiene que dormir en otra habitación, reforzando todo lo positivo que tiene su habitación pero por supuesto le daremos facilidades, papá o mamá se quedan hasta que te duermas, puedes llamarnos cuando quieras, dejar la puerta abierta o la luz encendida, incluso ofrecerle un premio si consigue pasar “X” noches durmiendo solito en su habitación.

 

*Los pediatras aconsejan que el cambio de habitación se haga entre los 3 y los 6 meses, porque pasado este tiempo el bebé se hará más resistente al cambio, como cualquier adulto ha hecho suyo el espacio donde duerme y, como a todos los cambios nos desconciertan, nos producen inseguridad, etc.… Cuando somos adultos hemos acumulado una serie de experiencias, de vivencias que nos ayudan a entender el mundo y adaptarnos a los cambios, los bebés, por su corta edad aún no tienen esa capacidad y su existencia se limita prácticamente a comer y dormir los primeros años de vida, cualquier cambio en alguna de esas actividades supone un gran desajuste para él.

¿Es bueno practicar sexo durante el embarazo?

El embarazo es una etapa más en la biografía de la mujer como lo es la llegada de la menstruación o la menopausia. No podemos negar que durante este periodo suceden una serie de cambios en la mujer no sólo a nivel corporal sino también en terreno emocional, hormonal, psicológico… que a veces pueden influir en nuestro deseo erótico, de manera que habrá momentos del clico de gestación en los que nos apetezca más o menos intimar con nuestra pareja si la hay o disfrutar de nuestra erótica en solitario.  Más allá de estos pequeños detalles el hecho de estar embarazadas no supone un cambio sustancial en nuestro modo de disfrutar de los contactos eróticos con nuestra pareja, por lo que en principio, salvo que tu ginecólogo haya dicho lo contrario, yo no encuentro ningún impedimento para que puedas seguir disfrutando de tu erótica en solitario o en relación.

Y con ello no estoy diciendo que sea bueno y que haya que hacerlo ¡cuidado! Y es que a veces tengo la sensación de que ante preguntas como estas, los profesionales transmitimos la idea de que hay que tener encuentros eróticos porque son buenos para tal o cual cosa, como comer naranja es bueno para prevenir el resfriado porque tiene mucha vitamina C, no porque me apetezca, porque lo desee, lo disfrute…. No podemos olvidar que la sexualidad humana cumple tres funciones, reproductiva, relacional y recreativa y, somos nosotros mismos los encargado de decidir  por cuál de ellas me acerco a la sexualidad en cada momento. Es decir ¿practicar sexo es bueno durante el embarazo? pues como en cualquier otra etapa de nuestra de biografía siempre que surja del deseo, siempre que apetezca, que nos encontremos cómodos haciéndolo, que lo disfrutemos, que nos permita satisfacer una de estas funciones (la que a nosotros nos apetezca en este momento) si.

Yo siempre digo que todo encuentro erótico es beneficioso siempre que surja del deseo de sus participantes y no de su “deber hacer.”

10 ideas para preservar la intimidad en la pareja tras la maternidad/paternidad.

La relación de pareja es una relación de vinculación (J. Landarroitajáuregui y E. Pérez, Teoría de pareja, 1995), en la que se establecen unos nexos de unión entre los sujetos que la forman, una unión que necesita de:

  1. Cierto compromiso por parte de sus integrantes para mantener dicha asociación en el tiempo.
  2. Que se establezca una relación de sinergia que asegure la cooperación e igualdad de sus miembros.
  3. Y un clima de intimidad que garantice su comunión, el acto de compartirse de sus miembros, la comunicación, expresión de afectos, …

Hoy nos centraremos en esta última, la intimidad, por ser la menos cultivada por las parejas tras la llegada de los hijos, que es el tema del que hablaremos hoy en la sección de sexo de “Las Tardes de Radio Alcosa”.

La pareja es el núcleo de la familia, su principal pilar, pero esto suele olvidarse con la llegada de los hijos.

A menudo encontramos parejas que dedican prácticamente la totalidad de su tiempo al cuidado de la familia, el trabajo, las tareas domésticas o sus compromisos sociales, dejando la pareja en un segundo, tercer o cuarto plano. Y sin embargo toda relación de pareja necesita una especial atención y, sobre todo intimidad para fortalecerse y crecer.

 

Es cierto que con la llegada de los hijos la intimidad de la pareja disminuye, pero resulta muy importante que en estos momentos no se pierdan los espacios, que la pareja aprenda a descansar de su rol de padres para cultivar el de amantes. Y por ello en el post de hoy pretende dar algunas ideas para facilitaros esta tarea que sabemos que no es nada fácil pero ¿cuántos aspectos de las relaciones humanas lo son?

Ahí van algunas ideas:

  1. Intimidad de pareja e intimidad familiar. Es importante que nuestros hijos aprendan que hay espacios, tiempos de intimidad, que son de la familia y otros que son de la pareja. Se trata de que nos vean no sólo como padres, sino también como pareja que necesita momentos y espacios de intimidad propios. Y esto les será de gran utilidad en el futuro porque, de este modo no sólo les estamos transmitiendo un modelo de familia, sino también de pareja y, de pareja que se cuida y se quiere, que se respeta. Una familia es una organización formada por dos sistemas que se relacionan e intercomunican, pero que son independientes el uno del otro.
  2. Una pareja es un dúo, no un trío o un cuarteto. Para mantener estos espacio de intimidad en pareja, es necesario establecer unos límites (extradiádicos) para con los hijos (y otras personas con las que la pareja pueda convivir) que han de estar perfectamente definidos por la pareja (aunque con cierto grado de flexibilidad) para garantizar así su intimidad. Hemos de construir unos límites que demarquen dónde acaba la familia y dónde empieza la pareja. De manera que nuestros hijos aprendan a respetar nuestros tiempos y espacios de intimidad, las cuestiones en las que tienen voz y voto y en las que no, del mismo modo  que nosotros respetaremos los suyos, todos necesitamos momentos de intimidad para crecer y desarrollarnos.

Tenemos que aprender a darle el privilegio que merece la intimidad y ser conscientes de su importancia, pues como decíamos el núcleo de la familia es la pareja y, si esta falla, se pone en peligro la estructura familiar.  Si queremos mantener el árbol de la familia no tenemos que regar sus hojas, los hijos, sino sus raíces, la pareja.

  1. Todos tenemos trapos sucios. Conservar esta intimidad no es sólo cuestión de limitar la intromisión de los demás, sino de gestionar cuánto de nuestra intimidad como pareja estamos dispuestos o queremos compartir, por ello conviene cuidar nuestros comentarios y los detalles de nuestra relación que desvelamos en presencia de los hijos (u otras personas), pues con ello estamos abriendo una puerta a nuestra intimidad, les estamos dando la llave para entrar en terreno privado, con el consiguiente daño que compartir con otros estos asuntos puede ocasionar al otro y a la relación de pareja.
  2. Límites Intradiádicos o respecto al otro miembro de la pareja. Vivir en pareja no supone tener que compartirlo todo con la otra persona. Resulta muy importante mantener unos espacios y tiempos que nos permitan desarrollarnos como individuos y de este modo poder aportar nuevos elementos que enriquezcan la relación. Y es importante que nuestros hijos perciban esto, que vean que ambos seguimos manteniendo nuestras inquietudes, gustos, amistades personales, que no tienen por qué coincidir, a pesar de vivir en pareja, para que aprendan a valorar su intimidad, ese espacio donde uno es y se encuentra consigo mismo, donde satisface las necesidades de su yo. Pero también para que entiendan que la diversidad no es incompatible con la convivencia sino todo lo contrario, la enriquece.
  3. Se hace saber… A menudo los hijos nos ponen ante la tesitura de tener que tomar decisiones como padres sobre asuntos en los que tenemos diferentes opiniones. Resulta beneficioso que los hijos perciban que cada uno de nosotros posee criterios distintos en torno a un mismo asunto, sin embargo no conviene que presencien nuestras discrepancias durante la toma de decisiones, ya que éstas podrían ser utilizadas en nuestra contra en futuras ocasiones (ante discusiones con uno de los progenitores busquen alianzas con el otro). Por ello os invito a debatir estos asuntos en privado, en vuestra intimidad como padres, ya que de no ser así estaríamos poniendo en peligro aquellos límites de los que hablábamos y sólo compartir con ellos la solución de vuestro debate una vez que hayáis tomado una decisión.
  4. Entonces…¿Nuestros hijos no nos pueden ver discutir? Las parejas se construyen a base de discusiones. Y es importante que nuestros hijos aprendan que a pesar de poseer opiniones encontradas, diferentes puntos de vista, a través del diálogo y la escucha conseguimos llegar a acuerdos, cedemos o estamos dispuestos a renunciar a ciertas cosas por el bien del otro, de la familia…. Pero como os decía, mantener la intimidad es fundamental para preservar la pareja, por ello es importante que aunque nuestros hijos puedan presenciar algunas de nuestras discusiones, debemos intentar no hacerles partícipes de ellas. Y es que a veces caemos en el error de buscar aliados en la estructura familiar para defender nuestra postura ¡ERROR! La pareja y la familia son dos sistemas que se interrelacionan pero independientes recordemos.
  5. No pagar los platos rotos de la familia con la pareja o los de la pareja con la familia. Si queremos preservar la intimidad y mantener unos límites respecto con los hijos o el resto de personas con los que convivamos, no podemos hacerles partícipes de nuestras discusiones. Del mismo modo que si queremos cultivar la intimidad de la pareja hemos de aprender a separar nuestra faceta de padres y amantes. Los conflictos de familia con la familia, los conflictos de pareja con la pareja.
  6. Espacio sagrado. Con la llegada del bebé muchas parejas deciden hacerle un hueco en su habitación los primeros meses de vida para facilitar su cuidado, tiempo que en ocasiones se prolonga durante años. No podemos alcanzar un clima de intimidad en pareja si tenemos un huésped en la habitación. Es importante que la pareja goce de un lugar sagrado dentro de la casa, de un espacio en el que poder desconectar de su rol de padres y dedicarse a cultivar el de amantes.
  7. Ahora somos amantes. Como ya hemos dicho es muy importante que las parejas mantengan espacios de intimidad. Para ello yo os recomiendo reservar unos tiempos, días o espacios exclusivos para la pareja, realizar actividades conjuntas, algún deporte, ir a cenar, un concierto…actividades que nos permitan cultivar la intimidad de pareja desde diferentes planos. Desconectar de nuestro rol de padres y dedicarnos tiempos y espacios como pareja asegura una mejor comunicación e intimidad.
  8. Cultivar el deseo erótico, hacerle un hueco en nuestras prioridades cotidianas por medio de la fantasía, los gestos, la actitud, lo importante es que lo cultivemos para así mejorar la intimidad de la pareja y que se vean satisfechas nuestras necesidades y expectativas como amantes.

La relación de pareja es una relación de vinculación (J. Landarroitajáuregui y E. Pérez, Teoría de pareja, 1995), en la que se establecen unos nexos de unión entre los sujetos que la forman, una unión que necesita de:

  1. Cierto compromiso por parte de sus integrantes para mantener dicha asociación en el tiempo.
  2. Que se establezca una relación de sinergia que asegure la cooperación e igualdad de sus miembros.
  3. Y un clima de intimidad que garantice su comunión, el acto de compartirse de sus miembros, la comunicación, expresión de afectos, …

Hoy nos centraremos en esta última, la intimidad, por ser la menos cultivada por las parejas tras la llegada de los hijos, que es el tema del que hablaremos hoy en la sección de sexo de “Las Tardes de Radio Alcosa”.

La pareja es el núcleo de la familia, su principal pilar, pero esto suele olvidarse con la llegada de los hijos.

A menudo encontramos parejas que dedican prácticamente la totalidad de su tiempo al cuidado de la familia, el trabajo, las tareas domésticas o sus compromisos sociales, dejando la pareja en un segundo, tercer o cuarto plano. Y sin embargo toda relación de pareja necesita una especial atención y, sobre todo intimidad para fortalecerse y crecer.

 

Es cierto que con la llegada de los hijos la intimidad de la pareja disminuye, pero resulta muy importante que en estos momentos no se pierdan los espacios, que la pareja aprenda a descansar de su rol de padres para cultivar el de amantes. Y por ello en el post de hoy pretende dar algunas ideas para facilitaros esta tarea que sabemos que no es nada fácil pero ¿cuántos aspectos de las relaciones humanas lo son?

Ahí van algunas ideas:

  1. Intimidad de pareja e intimidad familiar. Es importante que nuestros hijos aprendan que hay espacios, tiempos de intimidad, que son de la familia y otros que son de la pareja. Se trata de que nos vean no sólo como padres, sino también como pareja que necesita momentos y espacios de intimidad propios. Y esto les será de gran utilidad en el futuro porque, de este modo no sólo les estamos transmitiendo un modelo de familia, sino también de pareja y, de pareja que se cuida y se quiere, que se respeta. Una familia es una organización formada por dos sistemas que se relacionan e intercomunican, pero que son independientes el uno del otro.
  2. Una pareja es un dúo, no un trío o un cuarteto. Para mantener estos espacio de intimidad en pareja, es necesario establecer unos límites (extradiádicos) para con los hijos (y otras personas con las que la pareja pueda convivir) que han de estar perfectamente definidos por la pareja (aunque con cierto grado de flexibilidad) para garantizar así su intimidad. Hemos de construir unos límites que demarquen dónde acaba la familia y dónde empieza la pareja. De manera que nuestros hijos aprendan a respetar nuestros tiempos y espacios de intimidad, las cuestiones en las que tienen voz y voto y en las que no, del mismo modo  que nosotros respetaremos los suyos, todos necesitamos momentos de intimidad para crecer y desarrollarnos.

Tenemos que aprender a darle el privilegio que merece la intimidad y ser conscientes de su importancia, pues como decíamos el núcleo de la familia es la pareja y, si esta falla, se pone en peligro la estructura familiar.  Si queremos mantener el árbol de la familia no tenemos que regar sus hojas, los hijos, sino sus raíces, la pareja.

  1. Todos tenemos trapos sucios. Conservar esta intimidad no es sólo cuestión de limitar la intromisión de los demás, sino de gestionar cuánto de nuestra intimidad como pareja estamos dispuestos o queremos compartir, por ello conviene cuidar nuestros comentarios y los detalles de nuestra relación que desvelamos en presencia de los hijos (u otras personas), pues con ello estamos abriendo una puerta a nuestra intimidad, les estamos dando la llave para entrar en terreno privado, con el consiguiente daño que compartir con otros estos asuntos puede ocasionar al otro y a la relación de pareja.
  2. Límites Intradiádicos o respecto al otro miembro de la pareja. Vivir en pareja no supone tener que compartirlo todo con la otra persona. Resulta muy importante mantener unos espacios y tiempos que nos permitan desarrollarnos como individuos y de este modo poder aportar nuevos elementos que enriquezcan la relación. Y es importante que nuestros hijos perciban esto, que vean que ambos seguimos manteniendo nuestras inquietudes, gustos, amistades personales, que no tienen por qué coincidir, a pesar de vivir en pareja, para que aprendan a valorar su intimidad, ese espacio donde uno es y se encuentra consigo mismo, donde satisface las necesidades de su yo. Pero también para que entiendan que la diversidad no es incompatible con la convivencia sino todo lo contrario, la enriquece.
  3. Se hace saber… A menudo los hijos nos ponen ante la tesitura de tener que tomar decisiones como padres sobre asuntos en los que tenemos diferentes opiniones. Resulta beneficioso que los hijos perciban que cada uno de nosotros posee criterios distintos en torno a un mismo asunto, sin embargo no conviene que presencien nuestras discrepancias durante la toma de decisiones, ya que éstas podrían ser utilizadas en nuestra contra en futuras ocasiones (ante discusiones con uno de los progenitores busquen alianzas con el otro). Por ello os invito a debatir estos asuntos en privado, en vuestra intimidad como padres, ya que de no ser así estaríamos poniendo en peligro aquellos límites de los que hablábamos y sólo compartir con ellos la solución de vuestro debate una vez que hayáis tomado una decisión.
  4. Entonces…¿Nuestros hijos no nos pueden ver discutir? Las parejas se construyen a base de discusiones. Y es importante que nuestros hijos aprendan que a pesar de poseer opiniones encontradas, diferentes puntos de vista, a través del diálogo y la escucha conseguimos llegar a acuerdos, cedemos o estamos dispuestos a renunciar a ciertas cosas por el bien del otro, de la familia…. Pero como os decía, mantener la intimidad es fundamental para preservar la pareja, por ello es importante que aunque nuestros hijos puedan presenciar algunas de nuestras discusiones, debemos intentar no hacerles partícipes de ellas. Y es que a veces caemos en el error de buscar aliados en la estructura familiar para defender nuestra postura ¡ERROR! La pareja y la familia son dos sistemas que se interrelacionan pero independientes recordemos.
  5. No pagar los platos rotos de la familia con la pareja o los de la pareja con la familia. Si queremos preservar la intimidad y mantener unos límites respecto con los hijos o el resto de personas con los que convivamos, no podemos hacerles partícipes de nuestras discusiones. Del mismo modo que si queremos cultivar la intimidad de la pareja hemos de aprender a separar nuestra faceta de padres y amantes. Los conflictos de familia con la familia, los conflictos de pareja con la pareja.
  6. Espacio sagrado. Con la llegada del bebé muchas parejas deciden hacerle un hueco en su habitación los primeros meses de vida para facilitar su cuidado, tiempo que en ocasiones se prolonga durante años. No podemos alcanzar un clima de intimidad en pareja si tenemos un huésped en la habitación. Es importante que la pareja goce de un lugar sagrado dentro de la casa, de un espacio en el que poder desconectar de su rol de padres y dedicarse a cultivar el de amantes.
  7. Ahora somos amantes. Como ya hemos dicho es muy importante que las parejas mantengan espacios de intimidad. Para ello yo os recomiendo reservar unos tiempos, días o espacios exclusivos para la pareja, realizar actividades conjuntas, algún deporte, ir a cenar, un concierto…actividades que nos permitan cultivar la intimidad de pareja desde diferentes planos. Desconectar de nuestro rol de padres y dedicarnos tiempos y espacios como pareja asegura una mejor comunicación e intimidad.
  8. Cultivar el deseo erótico, hacerle un hueco en nuestras prioridades cotidianas por medio de la fantasía, los gestos, la actitud, lo importante es que lo cultivemos para así mejorar la intimidad de la pareja y que se vean satisfechas nuestras necesidades y expectativas como amantes.

ALTERNATIVAS ECONÓMICAS PARA UN SAN VALENTÍN MUUUUY PLACENTERO

Explorar y disfrutar de nuestra erótica es algo que está al alcance de todos y que no tiene por qué suponer un gasto económico y, en tiempo de crisis ¿qué mejor que recurrir al potencial que cada uno de nosotros lleva dentro para satisfacernos y satisfacer a nuestra pareja?

Si te perdiste el programa de ayer en “Las Tardes de Radio Alcosa” en el siguiente post os proponemos una serie de técnicas e ideas que pueden ayudaros a cultivar el deseo erótico y situarlo en vuestra lista de prioridades cotidianas.

UN MENÚ DE LO MÁS ORIGINAL:

Si no eres un experto en la cocina no te preocupes, no tendrás que coger una sartén para nada. Lo que te propongo es que elabores un menú del día con aquellas prácticas eróticas que más os gusten, por ejemplo:

Entrantes:

Milhojas de miradas pícaras y besos furtivos.

Gazpacho de besos con aliño de mordisquitos en el cuello.

1er Plato

Solomillo de abrazos sobre cama de caricias y cosquillas.

Sólo tenéis que pensar qué es lo que más le gusta a vuestra pareja y recoger las ideas en una tarjeta a modo de menú. También podéis preparar alguna cenita romántica en casa y elaborar un menú sólo para el postre. ¡Bon appetit!

LA MÁQUINA DEL TIEMPO.

En los tiempos que corren a veces nos resulta prácticamente imposible llegar a todo lo que nos gustarían o sentimos que tenemos la necesidad de hacer. El trabajo, los estudios (o ambas cosas), la familia, los compromisos sociales, la casa… en ocasiones hacen que apenas dediquemos unos minutos para cultivar la intimidad en la pareja, algo muy importante para que ésta crezca y se fortalezca. Por ello uno de los mejores regalos que podemos hacernos es el tiempo, compartirnos con nuestra pareja durante unos minutos.

Para ello os propongo un juego. En primer lugar escribiremos en pequeños papeles una serie de cifras, de tiempos que estamos dispuesto o podemos regalarle a nuestra pareja (del mismo modo que cuando compramos un regalo adaptamos el coste del mimo a nuestro presupuesto, intentaremos adaptar los tiempos a regalar a nuestra disponibilidad, no olvidemos que es un regalo, no una obligación). En segundo lugar meteremos estos papelitos doblados en un bote o cajita de regalo y se la entregaremos a la persona a la que hayamos decidido obsequiar con este regalo.

Será él o ella la encargada de decidir qué regalos prefiere canjear primero y de qué manera: 10 minutos de masaje, 30 de paseo, lo que se os ocurra y os apetezca, siempre y cuando no suponga un esfuerzo para la persona que regala, resulte incómodo de cumplir o se convierta en fuente de discusión.

No tenemos por qué dedicar esos minutos únicamente a prácticas eróticas, a veces el hecho de que yo agrade a mi pareja saliendo a pasear con ella o acompañándola a limpiar el coche, hacer la compra o al dentista… favorece que nuestro estado anímico cambien al sentirnos importantes, queridos por la otra persona y esto hace que en la mayoría de los casos el deseo erótico fluya sin más. A veces creemos que un encuentro erótico se inicia en el momento en que nos desnudamos o besamos apasionadamente, pero son muchos los detalles, los gestos, los hechos que han contribuido a lo largo del día a que éste se produzca y, sobre todo a que nos resulte más o menos satisfactorio. Dar o no un beso de buenos días o enviar un sms para ver qué tal nos va, son pequeños gestos que pueden ayudarnos a preparar un encuentro satisfactorio al regreso a casa.

LA LÁMPARA MÁGICA.

A veces nos resulta muy complicado pedir ciertas cosas a nuestra pareja, por vergüenza, por el qué dirá, porque creemos que no le va a gustar…. la siguiente idea puede ayudaros a romper con esas barreras.

El juego consiste en escribir una serie de deseos que nos gustaría cumplir en pareja y meterlos en un bote. Una vez que cada uno de nosotros tiene su bote listo los intercambiamos. La segunda parte del juego consiste en sacar los deseos del bote uno a uno (podemos sacar uno cada día, o varios, dependiendo de nuestra disponibilidad y predisposición) y hacerlos realidad, de manera que vuestra pareja los recibirá como un regalo. Como os decía anteriormente, estos deseos no tienen por qué limitarse al terreno de la erótica, puesto que no nos dividimos en parcelas independientes, sino que todas están entrelazadas, el hecho de que yo sienta que mi trabajo es importante para el otro/a hace que mi estado de ánimo cambie y con él posiblemente mi predisposición a mantener un encuentro erótico.

RECALCULANDO RUTA.

 A veces, por pereza, por prisa, por desgana tendemos a recurrir a una serie de prácticas que ya sabemos de antemano que funcionan para estimular a nuestra pareja, sin preocuparnos por explorar nuevos campos, nuevas rutas para alcanzar el placer y esto nos lleva a la rutina, a veces un tanto peligrosa para las relaciones de pareja. Como decía el maestro Havelock Ellis “no hay una sola parte del cuerpo que no sea erógena”. Os invito a que apaguéis vuestros GPS y os perdáis en el cuerpo del otro, a que exploréis sus rincones y disfrutéis del paisaje.

EL TÚNEL DE LOS SENTIDOS.

Todos los sentidos trabajan y cumplen un papel muy importante en la respuesta sexual. Por ello os propongo cultivar aquellos que a veces olvidamos en nuestros encuentros eróticos y, trabajar aquellos que sí tenemos presente de diferentes maneras, porque las sensaciones placenteras que produce un estímulo no sólo dependen de las características de esta zona, sino del modo en que se estimule y con qué. Además nuestros sentidos no son parcelas aisladas, sino que interaccionan y se enriquecen los unos a los otros. El hecho de acariciar cierta parte con el pie no sólo nos hace sentir sensaciones placenteras distintas a cuando lo hacemos con la mano por las diferencias entre estas dos partes del cuerpo, sino porque a nivel visual una nos puede resultar más excitante que otra.

Podéis vendaros los ojos por turnos (para vivir los encuentro eróticos desde otra perspectiva), dar a probar diferentes platos al otro para trabajar el gusto, incluso partes de vuestro cuerpo, olores, jugar con los cambios de temperatura para cultivar el tacto, elegir algún tipo de música, cantar, susurrar o simplemente disfrutar del silencio para trabajar el oído. Todo lo que se os ocurra para buscar nuevas fuentes de excitación.

ETIMADO/A SR./SRA…

A todos nos gusta que nos alaguen y que valoren nuestros actos. En pareja es muy importante sentirse valorado y respetado por la otra parte, al igual que sentirse querido y deseado. Os invito a que escribáis una carta a vuestra pareja en la que resaltéis algunos de sus actos, hechos, detalles, que más os gustan de ella, a que la felicitéis y valoréis por su esfuerzo para con vosotros, con él/ella, con la familia, los amigos…. en la que podéis también dar gracias (algo que a veces nos cuesta tanto en pareja) por los buenos momentos vividos o por su papel en aquellos más difíciles, todo lo que se os ocurra y por supuesto, con mucho sentido del humor, porque reírse en pareja no sólo divierte sino que además es uno de los mejores pegamentos para la relación.

 

CON LA COMIDA NO SE JUEGA…. ¿O SÍ?

Comer es un placer y quién dijo que no pueden unirse los placeres. Servir algunos de nuestros alimentos favoritos en el cuerpo de nuestro amado puede ser una experiencia muy satisfactoria con la que trabajaremos la zona erógena más amplia de nuestro cuerpo, la piel, a través no solo de la estimulación con la lengua o los labios sino también con los cambios de temperatura o textura de cada una de los productos con los que decidamos deleitar a nuestro paladar.

Además este juego también nos permite trabajar el olfato, uno de los sentidos más activos, aunque no lo parezca en los encuentros eróticos, ya que nuestras feromonas pueden activar el deseo erótico.

Si no conocemos demasiado a la pareja es aconsejable que preguntemos si es alérgica a algún alimento u olor antes de nada para evitar imprevistos desagradables.

Y hasta aquí nuestra entrada de hoy, espero que estas ideas os sirvan de ayuda para conseguir algo que aunque parezca fácil no siempre lo es, satisfacernos en pareja.

¡Feliz San Valentín a todos!

FETICHISMO

Como prometimos la semana pasada, ahí va una nueva entrada de Peculiaridades Eróticas, esta semana el fetichismo.

Hay mucha leyenda en torno al fetichismo y lo cierto es que si nos paramos a pensar todos somos un poco fetiches, todos tenemos preferencia por una u otra parte del cuerpo de la persona a la que deseamos. Existe un olor, un sabor, una canción que despierta en nosotros sensaciones placenteras o que nos hace recordarlas y anhelarlas, o guardamos en algún cajón secreto una foto, entrada de algún concierto, una prenda porque nos trae buenos recuerdos, porque tiene un especial significado para nosotros, en definitiva, porque le hemos dado un valor simbólico.

Pero… qué es esto de los fetiches.

Cuando hablamos de fetichismo lo hacemos de una de las peculiaridades eróticas más universales, porque está presente en la gran mayoría de nosotros.

El mecanismo del fetiche tiene su base en el carácter simbólico por el cual un estímulo puede ser trasladado de un objeto a otro. Havelock Ellis, uno de los padres de la sexología, ya en 1904 en su monografía sobre el fetichismo, lo planteó como la estructura de una metáfora lingüística, por la cual los sujetos convierten algo banal e insignificante en atractivo e importante. Por lo cual podemos decir que el fetichismo consiste en el deseo hacia un objeto, característica, emoción, zona o parte del cuerpo del sujeto deseado que hemos cargado de valor simbólico. Por ello en un principio fue también conocido como punto de engarce, que es una de las características que definen el fetichismo, porque hace referencia a aquello del otro al que deseo, ya sea una parte de su anatomía, un gesto, una actitud, un objeto, incluso su olor que me provoca atracción y despierta mi excitación.

Y es que como decía el maestro Ellis, “no hay ninguna zona del cuerpo que no pueda ser erógena. Tampoco ninguna sensación o emoción.” Siempre hay algo del otro o de uno mismo que puede suscitar preferencia.

Otro de los aspectos a tener en cuenta para entender mejor el fetichismo son los detalles. Las descripciones minuciosas y centradas en las partes concretas de esa zona, gesto, sensación, objeto del otro al que deseamos, que motivan nuestra atracción y despiertan nuestra excitación.

Pero también puede darse el caso de que esta erotización recaiga sobre un objeto inanimado, bien por su relación directa con la persona deseada, por su uso en sí mismo, o por asociación, como pueden ser las prendas de lencería. Probablemente ésta sea la parte del fetichismo más conocida o a la que más publicidad se le ha dado. Sin embargo cuando hablamos de otorgarle un valor simbólico a un objeto no hablamos sólo de aquellos que despiertan nuestra excitación o atracción por la persona deseada, sino también de aquellos a los que les hemos atribuido un especial significado y valor emocional por su asociación con alguna escena o vivencia placentera que anhelamos, como puede ser el hecho de coleccionar entradas de conciertos, guardar un billete de tren o de avión, etc… porque son utilizados como un recurso asociativo.

La exclusiva fijación por estos objetos, gestos, partes del cuerpo, etc… probablemente sean lo más característico del fetichismo. Pero no podemos tomar el todo por la parte. El hecho de que sea un objeto determinado el que motive mi atracción y excitación no significa que ese objeto tenga un valor erótico en sí mismo para mí, sino que es un recurso de asociación que yo utilizo de forma inconsciente con la persona deseada.

Esta exclusividad se ha convertido en la característica definitoria del fetichismo y probablemente en el origen de muchos estereotipos entorno a él incluso en fuente de conflicto o dificultad para vivir la erótica de forma satisfactoria.

La dificultad o el problema surge cuando el sujeto pone más carga o significado erótico en el objeto mismo que en la realidad simbolizada de los sujetos, que en esa asociación del objeto, gesto, olor…. Con la persona deseada, hasta el punto de hacer girar su erótica y relación en función de dicha sustitución, olvidando que éste era un recurso de asociación respecto a la persona deseada y no el motivo de su excitación. En el término medio está la virtud, como todo llevado al extremo entraña riesgo. Por ello hemos de aprender a gestionar estas peculiaridades como lo hacemos con cualquier otro aspecto de nuestra vida y sobre todo impedir que los miedos a un posible riesgo dejen fluir nuestros deseos.

Peculiaridades eróticas

“Hay cosas que las rechazamos porque nos repugnan, otras porque nos aburren y otras  -las menos- porque hemos razonado que son inconvenientes. Pero cuando todo lo anterior falla siempre nos queda rechazar las cosas porque no es normal”

(J. Sampedro, El País, 7 de agosto de 2004).

Y las peculiaridades eróticas, las parafilias o perversiones que dicen algunos son un ejemplo de ello. Acostumbradas a ser rechazadas y demonizadas bajo los adjetivos de pecado, patología, trastorno, perversión, vicio, delito…. Han crecido a la sombra del puritanismo, la normalidad o lo políticamente correcto a lo largo de la historia del ser humano. Pero sin tan perjudiciales son ¿por qué toda época tiene las suyas?, ¿por qué en cada cultura podemos encontrar alguna?, y lo más importante ¿por qué algunas veces nos resultan tan atractivas y excitantes?

Hoy hablaremos de peculiaridades eróticas, como desde la sexología sustantiva nos gusta llamarlas, de aquellos rasgos que dotan de individualidad y diversidad a nuestros deseos, que los hacen únicos y especiales y por ello distintos a los demás. De su valor y su poder de atracción y seducción. Y lo haremos desde un marco distinto al habitual (la cópula), el ars amandi de los sexos, el arte de crear múltiples y diversas formas de expresar, vivir, compartir y gestionar los deseos eróticos de forma individual o en relación.

 

Antes de nada conviene aclarar…

El deseo no es algo que se elija sino que se descubre. Yo no elijo qué me excita y que no, o que deseo y que no, sino que lo descubro, porque de no ser así del mismo modo que podemos elegir qué nos excita, podríamos entonces elegir también quién, es decir, decidir sobre la orientación de nuestro deseo erótico y esto no es así. Yo no decido ser o no heterosexual u homosexual, sino que lo soy, como no decido si soy hombre o mujer, sino que me siento de uno u otro sexo. Y siguiendo esta lógica no será difícil comprender que tampoco elegiré los rasgos que dotan de individualidad y peculiaridad a mi erótica, mis deseos, mi forma de desear y sentirme deseado.

De manera que esto de lo “normal”, de la norma, tiene más que ver con el terreno de la moral que con el terreno sexológico, con los valores, creencias, la educación que cada uno hayamos recibido y por supuesto con la cultura en la que vivimos.

A veces comentemos el error de intentar gestionar, o dirigir cuestiones tan íntimas como el deseo con las mismas reglas que gestionan lo público, la sociedad en la que vivimos y esto no siempre resulta beneficioso. Como os decía el deseo no lo podemos dirigir, no podemos decidir qué, cómo y a quién desear, sino que esto es fruto de un descubrimiento personal, de manera que intentar regular algo en lo que no tenemos capacidad de decisión y que pertenece al terreno de la intimidad con reglas de lo público, perjudica más de lo que beneficia, pues cuando intentamos definir qué es lo normal al final caemos en la trampa de jerarquizar, de intentar imponer un modelo de desear sobre otro, favoreciendo que muchas formas de expresar y gestionar nuestros deseos queden fuera de esta jerarquía y provoquen malestar en los sujetos que las viven y sienten que se quedan fuera de la norma. En cierto modo, muchas de las consultas que atendemos los sexólogos responden a estas cuestiones, a gente que siente que se queda o se va a quedar fuera de la “norma” por diferentes motivos, por no llegar a un número determinado de coitos, por tener “x” edad y no tener pareja, por tardar “x” minutos en alcanzar el orgasmo… o por fantasear con tal o cual cosa….

“Todo depende del cristal con que se mire”.

La ausencia de una definición precisa ha favorecido que muchas de estas peculiaridades eróticas hayan sido conceptualizadas de muy diversas formas en función del punto de vista, la actitud o los intereses desde los que han sido examinadas.

Desde el marco del Hecho Sexual Humano (la sexología sustantiva) hablamos de peculiaridades porque entendemos que son una cualidad universal inherente al ser humano por el hecho mismo de ser sexuado y, las definimos como rasgos propios de los sujetos porque entendemos que son agentes de individualidad y diversidad, fuente de enriquecimiento y libertad que dota de identidad propia a las personas. Y lo acompañamos del adjetivo eróticas porque hacen referencia a los deseos de los individuos, a su forma de desear y sentirse deseados.

 

Los cristales

A lo largo de los años la cópula se ha convertido en el agente legitimador de los deseos, formas de desear y sentirse deseado de las personas. Bajo el criterio de la “norma” traducido en pecado, nocivo, desviación, patología y últimamente delito, ha trazado los límites que legitiman unos deseos sobre otros, rechazando aquellos que se alejan del objetivo de la cópula (la reproducción).

Desde el Hecho Sexual Humano el punto de partida es el ars amandi,  el arte que cada uno de nosotros poseemos para expresar y convertir en gestos, sensaciones o emociones nuestros deseos, gestionarlos, vivirlos y satisfacerlos en solitarios o en relación. Un arte con diferentes estilos y formas de expresión cuyo criterio es la diversidad y su unidad de medida el goce, la diversión, en definitiva la satisfacción que estos producen.

 “Si el sexo es un valor, éste constela tras sí muchas cualidades cultivables e inherentes al mismo” (E. Amenzúa).

Como todo valor humano las peculiaridades eróticas pueden llevar asociado algún tipo de riesgo, pero no por ello debemos olvidar su valor como agente de individualidad y diversidad que nos hace únicos y especiales, que suponen el motivo de encuentro y atracción entre sexuados.

Toda práctica deportiva puede entrañar algún tipo de riesgo y, no por ello hemos emprendido una campaña en contra del deporte. Sino que con la debida prudencia cada uno de nosotros hemos aprendido a poner en práctica aquellos que más gustan teniendo en cuenta nuestras condiciones físicas, capacidades y limitaciones, pero sobre todo hemos aprendido a respetar la práctica de sus diversas modalidades en sus diferentes categorías.

El objetivo a conseguir sería poder valorar las peculiaridades eróticas en lugar de patologizarlas o criminalizarlas por sus posibles riesgos.

 

No todo es tan negro como parece.  

La perspectiva de la cópula, se ha convertido como decíamos en muchas ocasiones en la unidad de medida de lo deseable y sus formas de expresión en una sociedad, atendiendo a criterios de “normalidad” o “anormalidad” dependiendo de la cercanía o distancia al objetivo de la cópula. Y esta idea de la norma ha contribuido a tachar muchas de estas peculiaridades eróticas como pecado, vicio, inmoralidad, desviación, enfermedad…, por lo que un rasgo asociado a ellas ha sido su estigmatización peligrosa.

Pero por encima de todos estos rasgos sobresale su originalidad, su carácter chocante o sorprendente, su poder de atracción y seducción y por qué no, de excitación.  En definitiva las peculiaridades eróticas son la mejor muestra de la diversidad y variedad de los deseos y sus formas de expresión, vivencia, gestión y satisfacción que los individuos pueden desarrollar por el hecho mismo de ser sexuados.

Son por un lado fuente de riqueza y motivo de encuentro entre los sexos pero, también de conflicto y dificultad precisamente por aquello que les dota de significado, la diversidad, cuando se plantea su vivencia o expresión en convivencia. Como cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana puede tener sus pros y sus contras, el error sería tomar los riesgos que puede entrañar, (una pequeña parte de su ser) y convertirlos en el todo, en su rasgo definitorio. Si de lo que se trata es de prevenir males, quizá la solución no sea prohibir, criminalizar o patologizar, sino promover bienes, cultivar y promocionar la riqueza que nos ofrece la diversidad, seña de identidad de las peculiaridades eróticas.

Los límites.

Al tratarse de peculiaridades propias de los sujetos podríamos decir que su número sería directamente proporcional a la capacidad de estos para inventar y crear diversas formas de desear y sentirse deseado, de expresar y vivir estos deseos, sin embargo lo cierto es que la noción de sexualidad y la actitud que tengamos respecto a ella condicionan no sólo el punto de mira para determinar qué es legítimo y qué no en la erótica de los sujetos, sino también sus dispositivos de medida. Cuanto más definidos y rígidos sean estos límites más probabilidades habrá de que un mayor número de sexualidades se quede fuera.

Desde el Hecho Sexual Humano como ya hemos dicho más arriba nuestro punto de partida es el ars amandi,  el arte que cada uno de nosotros poseemos para expresar y convertir en gestos, sensaciones o emociones nuestros deseos, gestionarlos, vivirlos y satisfacerlos en solitarios o en relación. Un arte con diferentes estilos y formas de expresión cuyo criterio es la diversidad y su la unidad de medida el goce, la diversión, en definitiva la satisfacción que estos producen.  Por lo que clasificamos estas peculiaridades eróticas en tres grandes grupos, en referencia al objeto que motiva su atracción y satisfacción:

  1. En primer lugar encontramos aquellas en las que nuestro deseo erótico se activa por la asociación de un objeto, parte del cuerpo, zona, olor, gestos… con el sujeto deseado o una vivencia placentera. Ej.: Fetichismo, sadismo, masoquismo….
  2. Por otro lado las que hacen referencia al tipo de personas o las características de ésta por las que nos sentimos atraídas, como puede ser la edad, el peso…. Ej.: pedofilia.
  3. Y por último aquellas que denominamos anecdóticas por la gran variedad de estímulos que las provocan y, no responder a ninguno de los anteriores, como pueden ser por ejemplo: el exhibicionismo, voyeurismo….

A lo largo de las siguientes entradas iremos analizando algunas de ellas, como ya hemos dicho desde una actitud de cultivo alejada de juicios o valoraciones.