Educación Sexual

El pasado 13 de enero leía en prensa el siguiente titular: “España ignora la Educación Sexual” y es que tras la última reforma en materia de educación capitaneada por el Ministro Wert, LOMCE 2012, se ha borrado la educación afectivo-sexual del programa, quedando sujeta a la buena voluntad del profesorado, que en muchos casos son los encargados de trabajar dichos contenidos, o los departamentos de orientación que deciden recurrir a organizaciones, entidades o servicios municipales dedicados al cultivo de la sexualidad humana, no siempre con el debido acierto.  Y por qué digo esto, bueno pues porque después de este titular leí el siguiente: el obispado de Alcalá de Henares, encabezado por Juan Antonio Reig Pla, famoso por su homilía de Viernes Santo en la que condenaba el aborto o la homosexualidad tachándolos de pecado,  organiza unas clases de educación sexual para jóvenes bajo el lema: ¡Agárrense muchachones, porque ahora sí que vamos a hablar de sexualidad como Dios manda!

Yo siempre he dicho y defenderé el valor de la Educación Sexual, pero una educación sexual con rigor científico, alejada de doctrinas morales o ideologías, es decir una educación sexual desde la sexología que es la ciencia que estudia los sexos, los hombres y las mujeres y, una educación sexual con pedagogía, desde la que se aporten las herramientas necesarias a los sujetos para que puedan elaborar su personal y subjetiva noción de sexualidad. Y donde la diversidad sea entendida como un valor a cultivar que garantice que todas las sexualidades se sientan respetadas y representadas.

Por ello el hoy dedicaremos la sección de sexo de Radio Alcosa a la Educación Sexual ¿por qué es tan importante? ¿Cuándo ha de comenzar? ¿Quiénes han de ser los encargados de esta tarea?…

No te lo pierdas.

Claves para mejorar las relaciones de pareja V. Compartirse mejor que dar.

5.-  MEJOR COMPARTIRNOS QUE DAR SIN ESCUCHAR:

En Navidad se nos ablanda el corazón y nos volvemos más generosos. Nos prometemos que este sentimiento va a seguir latente en nosotros y nos va a acompañar durante todo el año, pero… qué es lo que pretendemos ¿dar o satisfacer al otro? Os invito a pensar en ello.

Uno de los errores más frecuentes en las relaciones de pareja, es creer que lo conocemos todo sobre la otra persona, qué piensa, qué quiere, qué desea, cómo, dónde, cuándo…. lo que nos conduce a veces a caer en el error de no prestar atención a sus demandas, de dar sin preguntarnos si aquello que regalamos es lo que verdaderamente desea quien lo recibe, o si lo desea en ese modo, momento, lugar… Con la mejor de nuestras intenciones caemos en la trampa de dar según nuestro criterio, de regalar aquello que creemos más conveniente para el otro. Y … según esto, ¿podríamos decir que damos desinteresadamente? ¿O quizá lo hacemos porque en cierto modo nosotros también recibimos algún beneficio a cambio? (Aunque sólo sea el de saber que las cosas se han hecho a nuestra manera -que no es poco- sentir que nuestra fórmula es la mejor), ¿o porque esperamos que nuestros actos nos sean devueltos?

A veces el hecho de dar no es fruto de un acto tan desinteresado como creemos, sino que surge con la esperanza de recibir las mismas atenciones en un futuro por parte del otro. Pero hemos de tener claro que dar y pedir no es lo mismo, que si deseamos algo del otro el protocolo de actuación no será dar, sino pedir y, que por muy bien que nos conozcamos podremos intuir los deseos o pensamientos del otro en algunos momentos, pero no adivinarlos.

Por ello me gustaría dejar claro que, como en todo, en las relaciones de pareja con  la buena voluntad no basta (y si no que le pregunten a Cecilia Giménez después de intentar restaurar el  Ecce Homo del Santuario de Misericordia en Borja). A pesar de que creamos saberlo todo sobre nuestro/a compañero/a y nuestros actos surjan fruto de nuestro amor y deseo por satisfacerle, el mejor regalo que podemos hacernos en pareja es compartir nuestros deseos, hacerlos explícitos y estar dispuestos a escuchar los del otro, a negociarlos y satisfacerlos, aunque no siempre comulguemos con ellos.

 

Y ¡ojo! digo hacer los deseos explícitos porque en ocasiones damos por supuesto, que como nos conocemos tan bien, el otro sabe lo que deseamos, o peor aún, creemos que tiene la obligación de saberlo. Y por mucho que algunos digan, mi experiencia me dice que por muy bien que se conozca a una persona, el don de saber qué piensa o qué desea en cada momento no existe.

Compartirnos en pareja es algo más que dar, es tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad, reconocer que necesitamos al otro para satisfacer una parte de nosotros y lo deseamos, y es tener voluntad para colaborar en la satisfacción de los deseos del otro.  Os invito a tengáis presente esta reflexión en vuestros actos de generosida y a leer el siguiente cuento ArturoClementina.

Espero que ideas os ayuden a reflexionar y por supuesto a conseguir la satisfacción en vuestra relación de pareja.

¡Hasta la próxima entrada!

Claves para mejorar la satisfacción en pareja IV. Límites en pareja.

DISFRUTAR DE LA FAMILIA Y LOS AMIGOS, otros de los grandes propósitos de año nuevo, PERO GUARDANDO LAS DISTANCIAS DIRÍA YO:

Una pareja son dos sujetos más la trama de interacciones que suceden entre ellos. O como diría una persona muy sabia que conozco, dos mundo distintos que se unen para formar uno nuevo. Un mundo que se va a construir fruto de la relación de sinergia entre ambos y que no va a suponer el fin de ninguno de ellos, es decir, que nos unamos para convivir en pareja, que decidamos compartirnos con otra persona no significa que tengamos que perder nuestra individualidad, que no podamos seguir desarrollándonos como sujetos individuales.  Para garantizar esto es necesario establecer una serie de límites, de fronteras que nos ayuden a delimitar los tiempos, los espacios, las interacciones, los subsistemas familiares… a fin de preservar la intimidad de la pareja.

Podemos distinguir dos tipos de límites:

  •       Límites intradiádicos: Serían las líneas demarcadoras con respecto al otro miembro de la pareja. Dónde acabo yo y dónde empiezas tú.
  •         Límites Extradiádicos: Serían las líneas demarcadoras con respecto a terceras personas. Dónde acaban los demás y dónde empieza la pareja.

La garantía de estos límites radica en el equilibrio entre su claridad y permeabilidad. Han de estar claramente definidos, tanto para la pareja como para los más cercanos a ella, pero no por ello resultar rígidos e infranqueables.

Mantener este equilibrio no es fácil. Por ejemplo, cuando los límites intradiádicos (entre los dos miembros de la pareja) son difusos se impide el crecimiento y desarrollo personal, al no estar definidos pueden dar lugar a situaciones en las que uno de los miembros de la pareja se sienta invadido. Esto sucede sobre todo al inicio de las relaciones de convivencias en las que se están sentando las bases de la convivencia, los espacios, los tiempos…. Por otro lado, cuando estos límites intradiádicos son demasiado rígidos dificultan la intimidad y compromiso de la pareja, de vital importancia para que ésta crezca, para que vayamos formando ese mundo nuevo, pues no da lugar a espacio o tiempos de de encuentro en los que la pareja pueda compartirse.

En el caso de los límites extradiádicos (con respecto a terceras personas) mantener su equilibrio tampoco es fácil, sobre todo en una cultura como la nuestra en la que tenemos un sentido familiar tan extenso. Otorgar demasiado protagonismo a las familias de origen, a los hijos o los amigos en la pareja pueden hacer que a veces nos sintamos invadidos (los consejos de amigos o familiares a veces son un arma de doble filo, pues los sitúan como aliados de uno u otro miembro de la pareja y por ende como enemigo del otro). La sensibilidad parental es necesaria para generar un vínculo de apego respecto a los hijos que nos ayude a construir la entidad familiar y a sentirnos parte de ella, pero como todo en su justa medida. Con frecuencia encuentro en consulta lo que yo he llamado “padre marginado”, estructuras familiares en las que uno de los progenitores, generalmente el padre, ha sido desplazado a un segundo plano, de manera que el matrimonio parece estar formado por la madre y uno o varios de los hijos, lo cual no sólo rompe el esquema familiar sino que además daña bastante la relación de pareja, pues uno de los progenitores siente que su relación es un triángulo y no un dúo. Pero la rigidez de estos límites tampoco resulta de mucha ayuda en esto de la gestión de la relación de pareja, ya que suele conllevar tendencias de  aislamiento, repercutiendo en un empobrecimiento de la relación de pareja al no compartir y enriquecerse de las experiencias o las aportaciones de otros, o dificultar la afectividad, comunicación y apego con los hijos cuando los subsistemas pareja – hijos están demasiado definidos y no se permite interacción.

Con lo cual yo os invito no sólo a definir vuestros límites en pareja sino a intentar equilibrarlos para sacarles el máximo partido. Pero ¡ojo! no he dicho que sea tarea fácil.

Claves para mejorar la satisfacción en pareja III. Los exceso no son buenos.

3.- LOS EXCESOS NO SON BUENOS:

La Navidad es una época de excesos, en la comida, la bibida, las salidas… y cuando ésta termina la mayoría nos decimos esto hay que cortarlo. Y es que los excesos no son buenos, ni siquiera cuando son de sinceridad. Una cosa es ser sincero y otra muy distinta es ser sincericida.  Y no es que yo quiera poner en duda el valor de la verdad, simplemente que tengamos presente que la sinceridad deja de ser una virtud cuando decimos lo que pensamos sin tener en cuenta la personalidad de nuestro interlocutor y cómo van a afectarle nuestras palabras.

Hay personas muy seguras de sí mismas, con una autoestima muy equilibra a las que probablemente les perturbaría poco lo que podamos decir,  pero también podemos encontramos personas muy inseguras, tímidas, con baja autoestima, a quienes nuestra forma de expresar lo que sentimos o pensamos podría hacerles daño. Por ello es importante hacer un ejercicio de reflexión, cuestionar y dosificar el grado de sinceridad en función de la personalidad que tenemos en frente, pues adaptar nuestro grado de sinceridad a las características de nuestro interlocutor, no significa faltar a la verdad sino hacerla pública causando el menor daño.

Es importante tener en cuenta este detalle en cualquier relación de convivencia, pero sobre todo en las relaciones de pareja, pues no sólo podemos causar dolor a la otra persona, sino que también podemos dañar la estructura de la relación, los códigos de comunicación que establecen las reglas del juego de la pareja, pues algunos ejercicios de sinceridad pueden ser entendidos como un ataque personal si no se tienen en cuenta las características del interlocutor.

Y otro aspecto a destacar es que la sinceridad en pareja no significa tener que compartirlo todo con la otra persona, que lo sepa todo sobre mí. Cada uno de nosotros ha de mantener un espacio íntimo y es libre de decidir qué parcelas de sí quiere compartir con la otra persona y cuáles no y hasta dónde.  Del mismo modo que la otra parte decidirá en qué parcelas quiere participar y hasta donde.

Claves para mejorar la satisfacción en pareja II. Pon en forma tu erótica.

Como prometí, en las siguientes entradas os daré algunas claves para alcanzar la satisfacción en las relaciones de pareja. Ahí va la segunda clave:       

2.- PON EN FORMA TU ERÓTICA:

Otro de los propósitos de cara al nuevo año más famosos y comunes es la práctica de ejercicio, ponernos en forma. Y a veces este culto al cuerpo, tan de moda en las sociedades occidentales, nos hace olvidar que también hay otros aspectos de nuestra vida que es importante cultivar, mantener en forma, como por ejemplo el deseo, algo que como yo digo en consulta no cae de los árboles, pero como a estos es importante regar.

Un compañero de profesión, José Bustamante, secretario de la Asociación de Especialistas de la Sexología, afirma que las fantasías son el pilates de la erótica (de lo relativo a los deseos), pues a través de ellas ejercitamos uno de los órganos más importantes en esto de la erótica, el cerebro, que como ya he dicho en más de una ocasión es el órgano sexual por excelencia.

Por medio de las fantasías conseguimos erotizar nuestro cerebro, darle cabida al deseo erótico en nuestros pensamientos, hacer que esté presente en nuestra mente y en nuestra rutina, de manera que de este modo conseguimos alejar otros pensamientos que a veces le roban protagonismo, como el trabajo, los hijos, la casa, la crisis….

Con las fantasías lo que hacemos es hacerle un hueco al deseo y al hacerle un sitio este fluye sin más, con ellas estamos regando el deseo para que no decaiga, lo estamos ejercitando para mantenerlo en forma impidiendo que se oxide.

Por ello os invito a inscribiros en el maravilloso gimnasio de la fantasía, a potenciar vuestra creatividad y vuestro imaginario a través del cine, la fotografía, la novela o la poesía erótica como remedio para evitar que nuestro deseo se oxide y caigamos en la tan temida monotonía o peor aún ausencia de deseo.

Claves para una vivencia satisfactoria de tu relación de pareja.

El fin de año es tiempo de reflexión, de autoanálisis y evaluación, tiempo en el que tomamos conciencia de todos aquellos logros conseguidos a lo largo del año, pero sobre todo de aquello que nos queda por hacer, mejorar o queremos cambiar. Por ello el inicio del nuevo año es época de propósitos, de buenas intenciones, un tiempo en el que nos encontramos decididos para ponerle solución a aquello que nos causa insatisfacción en nuestras vidas. Y a menudo una de estas cosas es nuestra relación de pareja. Por ello como decíamos en el post anterior, no es casualidad que enero sea uno de los meses en los que más divorcios y separaciones se producen.

A veces, cuando nos marcamos nuestros objetivos para el año nuevo olvidamos introducir algunos que nos ayuden a cultivar nuestra relación de pareja, por ello en las siguientes entradas os daré 5 claves para trabajar en pareja que nos facilitarán una vivencia satisfactoria de nuestra relación de pareja.

Enpezamos el el primero:

1.- BILINGÜISMO SEXUAL:

Aprender idiomas es uno de los propósitos más comunes año tras año en la mayoría de nosotros. El ser humano es ser social por naturaleza y, en tiempos de globalización el dominio de otras lenguas se hace fundamental para mejorar nuestra comunicación y participación.

Probablemente muchos de vosotros hayáis tenido la sensación en alguna ocasión de que vuestra pareja no habla vuestro mismo idioma, parece no ver o entender la realidad del mismo modo en que tú la ves. ¡Felicidades! se confirman tus sospechas, sobre todo si sois una pareja heterosexual.

Que hombres y mujeres somos distintos no es una novedad y es que el sexo es en sí mismo agente de diversidad e igualdad a la vez. Generador de diferencia porque fruto del proceso de sexuación, por el que cada uno de nosotros nos construimos como los hombres y mujeres que somos, nos hacemos distintos los unos a los otros. Y generador de igualdad porque nos sitúa a todos bajo la misma condición, la de seres sexuados, todos somos sexuados y no podemos no serlo. Dos sexos con diferentes sexualidades, del mismo modo que todos somos personas con diferentes sexualidades.

Y partiendo de la idea de que ambos sexos somos diferentes no será difícil comprender que estas diferencias no se limitan sólo a nuestros genitales, sino que también afectan a nuestra forma de pensar y entender la realidad, de relacionarnos, de desear, de sentirnos deseados, etc…. Por lo que efectivamente, cada uno de nosotros posee una lengua, una forma de entender y explicar la realidad, de comunicarnos e interactuar con los demás.

En las relaciones de pareja no sólo interactúan dos cuerpos distintos (más allá de sus genitales), sino dos formas de pensar, de desear, de sentirse deseado, dos expectativas distintas… en definitiva dos sexualidades diferentes. Por lo que la clave para mejorar la convivencia entre los sexos, a veces tan complicada, radica en asumir estas diferencias y estar dispuestos a conocer y entender el “idioma del otro”. Como diría Silverio Sáez, un gran maestro y compañero, potenciar el bilingüismo sexual. Comprender que hombres y mujeres somos distintos y ver esta diversidad como fuente de enriquecimiento, rompiendo con tendencias jerárquicas haciendo un esfuerzo por entender el idioma del otro, pero ¡ojo! entenderlo no asumirlo, pues recordemos que no son mejores ni peores, sino diferentes. En resumen, que cada uno de nosotros aunque pensemos en una de las lenguas, nos sintamos cómodos  y la dominemos,  seamos capaces de entender la otra y hablarla aunque tengamos acento.

La cuesta de enero también en pareja

La Navidad es un tiempo de amor, de paz, ilusión, reencuentro… pero por todo ello también es una época de desencuentros, de discusiones, de balance o evaluación de lo que ha sido nuestro año y de expectativas de cara al siguiente que nos hacen replantearnos muchos aspectos de nuestra vida. Y la relación de pareja es uno de ellos, por lo que no es casualidad que Enero sea uno de los meses en los que más divorcios se producen, año nuevo, vida nueva. Pero también uno de los meses en los que más visitas y consultas reciben los centros de atención a la pareja.

La Navidad se convierte a veces en una prueba de fuego para las parejas por varios motivos:

  • La probabilidad no falla y, cuanto más tiempo juntos mayor probabilidad de discusión.
  • Las relaciones con las familias de origen tampoco ayudan mucho en el asunto si no están muy definidos los límites con respecto a estos. En ocasiones alguno de los miembros puede tener la sensación de que su relación de pareja (incluso él/ella mismo/a) está siendo invadida por alguno/s miembro/s de la familia de origen de su pareja.
  • Los gastos extras.
  • Actividades en familia o con amigos, que a veces poco tienen que ver con nuestros gustos o intereses.
  • Las largas sobremesas, sobre todo cuando hay alcohol de por medio, a veces son fruto de discusiones o situaciones tensas que pueden ocasionar discusiones o conflicto en la pareja.
  • Las diferentes nociones y vivencias de la Navidad en los miembros de la pareja.
  • Unido todo ello a los propósitos de año nuevo, que nos hacen replantearnos el rumbo de nuestras vidas, nuestros deseos, expectativas o acompañantes para el próximo año, forman el cóctel perfecto para que nuestras dudas respecto a nuestra relación de pareja salgan a flote.

Como vemos la cuesta de Enero no sólo afecta al bolsillo sino también a las relaciones de pareja. Para las cuestiones económicas no se me ocurren muchas formas de ayudarte, pero en el terreno personal te invito a solicitar ayuda a un profesional en sexología (la ciencia que estudia los sexos, los hombres y las mujeres y sus interrelaciones), quien os ayudará a descubrir todas la potencialidades que aún tenéis como pareja, a devolveros la ilusión y enseñaros algunos truquitos para superar las dificultades en pareja.

Pedir ayuda no significa que hayamos fracasado como pareja o que tengamos más problemas que otras. Todo lo contrario, significa que no estamos dispuestos a dar por finalizada nuestra relación de pareja o a asumir ciertos cambios en ella que nos provocan insatisfacción sin luchar; pone de manifiesto que somos una pareja con más recursos que otras, que somos capaces de sentarnos a dialogar y decidir pedir ayuda, asumir nuestra vulnerabilidad y reconocer que a veces necesitamos la ayuda de otros para superar algunas dificultades. Por ello utilizando una expresión de Joserra  Landarroitajáuregui, maestro y compañero de profesión, yo siempre digo que “los terapeutas vemos parejas poco averiadas, porque las más averiadas no vienen a terapia”.

Si quieres saber más sobre el tema, te invito a escuchar la sección de sexo de “Las tardes de Radio Alcosa” del día 14 de Enero, en la que participo como experta en sexología.

Qué mejor regalo que compartirse.

La Navidad es un tiempo de Paz, de Amor, de buenas acciones, de regalos con los que intentamos hacer felices a los demás, pero… ¿son esos gestos, regalos o palabras lo que los  demás esperan de nosotros?, ¿lo que ellos desean? ¿O quizá responden a lo que nosotros creemos que desean, necesitan, les vendría bien, tienen que hacer…?

Uno de los errores más frecuentes en las relaciones de pareja y que suponen el inicio de la mayoría de conflictos, es creer que lo conocemos todo sobre la otra persona, qué piensa, qué quiere, qué desea, cómo, dónde, cuándo…. lo que nos conduce a veces a caer en el error de no prestar atención a sus demandas, de dar sin preguntar si aquello que regalamos es lo que verdaderamente desea quien lo recibe, o si lo desea en ese modo, momento, lugar… Con la mejor de nuestras intenciones, fruto de nuestro amor y deseo por complacer al otro/a, caemos en la trampa de dar según nuestro criterio, de regalar aquello que creemos más conveniente para el otro (¿o quizá sea lo que más nos conviene a nosotros?) sin pararnos a pensar en muchas ocasiones si de esta forma estamos cumpliendo el objetivo que nos proponíamos, satisfacer al otr@. Y es que como en todo, en las relaciones de pareja con  la buena voluntad no basta (y si no que le pregunten a Cecilia Giménez después de intentar restaurar el  Ecce Homo del Santuario de Misericordia en Borja). A pesar de que creamos sabelo todo sobre nuestro/a compañero/a y nuestros actos surjan fruto de nuestro amor y deseo por satisfacerle , el mejor regalo que podemos hacernos en pareja es compartir nuestros deseos, hacerlos explícitos (como paso previo para evitar entrar en este juego) y estar dispuestos a escuchar los del otro, a negociarlos y satisfacerlos, aunque no siempre comulguemos con ellos.

Para reflexionar sobre estas ideas os invito a leer la historia de Arturo y Clementina,  dos tortugas  que se querían tanto y creían conocerse tan bien que, nunca una le dijo a la otra lo que verdaderamente deseaba para no herir sus sentimientos, tanto que su afán por complacer y cuidar a la otra les impidió ver y escuchar lo que verdaderamente deseaban.