LOS CELOS II

¿Son los celos sinónimo de dependencia emocional?

Los celos como ya hemos dicho son una emoción que se expresa como miedo a perder al sujeto amado frente a un tercero real o imaginado. Y cuando hablamos de la etiqueta celoso  no lo hacemos tanto de la intensidad o grado de esa emoción sino, de la dificultad de la persona para gestionarla. De manera que los celos no son tanto fruto de una relación de dependencia sino de inseguridad en uno mismo, de complejo o sentimiento de inferioridad si se quiere, que consigue que no nos sintamos merecedores del amor del otro.

¿Existen personas celosas por naturaleza?

Conviene aclarar que cuando decimos que alguien es celoso no nos referimos tanto a la intensidad de la emoción que experimenta, sino a su déficit para gestionarla, a su dificultad para manejar este miedo. No es que existan personas celosas por naturaleza o más o menos propensas a serlo, los celos son una emoción básica y universal, está presente en todas las culturas y todos somos susceptibles de sufrir celos alguna vez a lo largo de nuestra biografía, pero si es cierto que existen personas que por sus características de personalidad manejan peor esta emoción.

  • Suelen ser personas muy inseguras
  • Poco conscientes de sus limitaciones y con escaso control de sus emociones en general.
  • Muy dependientes emocionalmente y por ello limitadas en su autonomía,
  • Necesitan de la aprobación del otro y por supuesto de su valoración explícita.
  • Suelen necesitar grandes dosis de pasión y romanticismo para creerse el amor del otro.
  • Baja autoestima y pobre autoconcepto.
  • Imagen corporal negativa, bastante distorsionada de la realidad en ocasiones
  • Estilos cognitivos muy negativos, estilos de atribución externa para el éxito e interna para el fracaso.

En resumen, creen que no merecen ser amadas y cuando sí lo son dudan y es porque creen que el otro les engaña.

¿Quiénes son más celosos hombres o mujeres?

Tener más o menos dificultad para gestionar los celos no depende tanto de cuestiones de sexo sino de las peculiaridades y rasgos de personalidad de los sujetos. Aunque como ya hemos dicho en más de una ocasión hombres y mujeres somos distintos (del mismo modo que tampoco podemos encontrar dos hombres o dos mujeres iguales) y por consiguiente pensamos, nos relacionamos, comunicamos, deseamos… de forma diferente. De manera que la vivencia de los celos estará influenciada por estas peculiares formas de ser, expresarse o relacionarse de cada sexo.

La mujer ante una dificultad la verbaliza, la comparte para buscar una solución, por regla general los hombres primero buscan la solución y luego la comparten para asegurarse de si es una opción válida, con lo cual resulta fácil que conozcamos más casos de mujeres celosas que de hombres.

¿Somos más celosos ahora que antes?

Hemos de tener en cuenta que el reconocimiento del placer femenino es relativamente reciente, hasta hace no mucho la finalidad de la sexualidad era la reproducción y el destino de la mujer la maternidad, por lo que el goce femenino ni se planteaba, con lo cual no se percibía peligro en este sentido. En el caso del varón esto ha sido muy distinto, la promiscuidad no sólo no se ha sancionado sino que en muchos casos se ha promocionado y se ha justificado como una necesidad  de saciar un deseo incontrolable. De manera que la mujer no tenía derecho a sentirse celosa porque estas infidelidades (o no dependiendo del contrato de exclusividad de cada pareja) respondían a una necesidad básica y natural del hombre, lo cual les ha hecho generar diversas estrategias y herramientas de autocontrol que les han ayudado a gestionar, a mejor vivir sus celos.

En parejas heterosexuales, la liberación sexual de la mujer, el reconocimiento de su placer ha hecho que el varón se choque casi de frente con la posibilidad de poder perder a la amada, de manera que en muchos casos posee menos habilidades o herramientas de gestión para controlar esta emoción.  Pero como os decía esto más que con el sexo tiene que ver con las características personales y rasgos de personalidad de cada uno. Y éstas son hipótesis mías sobre las que me gustaría indagar en un futuro.

 

¿Quién sufre más los celos, el celoso o el amado?

Los celos no son cosa de uno sino que son un juego de dos. Como ya hemos dicho son una emoción que requiere de un vínculo afectivo con alguien en concreto al que sentimos como nuestro y de la sospecha de que un tercero (real o imaginado) puede poner en peligro la exclusividad de nuestro vínculo. Por tanto son una emoción que sucede en relación a otros: el amado y el intruso, con quienes se pone en marcha lo que los terapeutas llamamos el juego celotípico: la trama de interacciones que a raíz de la aparición de esta emoción (de temor a la pérdida del amado frente a un tercero) se producen entre la pareja.

De manera consciente o inconsciente los dos miembros de la pareja participan en un juego con dos reglas básicas (que no simples) que suelen ser respetadas por amor, por no herir al otro, por evitarle sufrimiento…. (aunque consigan precisamente el efecto contrario)

  1. No voy a contarle toda la verdad para que no sufra.
  2. Me oculta cosas, luego me engaña.

Establecidas estas reglas se irá creando un clima de desconfianza, culpa y alerta en la pareja construido a base de sospechas, interrogatorios, ocultaciones, enfados, evasivas que se irán reforzando en una espiral creciente.

Por lo que los celos los sufren los dos miembros de la pareja, el uno por su temor a perder el amor del amado y el otro por no entender la conducta o las sospechas… del otro, por sufrir sus invasiones, desconfianza… y no saber cómo actuar frente a ellas. Pero sin duda la más dañada siempre es la relación de pareja, que llega incluso a sacrificarse por no conseguir controlar esta emoción. Y es que los celos atacan a sus pilares básicos: confianza, límites intradiádicos y extradiádicos,   compromiso, intimidad, sinergia, comunicación, y erótica.

 

¿Se puede dejar de ser celoso?

Como terapeuta yo no puedo ayudar a nadie a dejar de ser celoso, como no puedo ayudar a nadie a dejar de ser tímido, pero sí  a gestionar esta emoción de la forma menos dolorosa para él y para su pareja. Aportarle una serie de herramientas que le ayuden a canalizar, a racionalizar esta emoción y  controlarla de manera que no suponga un conflicto en pareja.

Cuando decimos que alguien es muy celoso no nos referimos a la intensidad o el grado de dicha emoción, sino a la dificultad de la persona para gestionarla. Por tanto la solución parte de entrenar las habilidades de control que todos poseemos para que esta emoción no ponga en riesgo nuestra relación.

No podemos conseguir que a una persona muy tímida deje de agobiarle el hecho de tener que hablar en público, pero sí proporcionarle una serie de ideas, herramientas y estrategias que rebajen su ansiedad y consigan que no lo viva como un hecho traumático.